Presenta Alma Guillermoprieto 72 Migrantes en el cierre del seminario internacional de periodismo

7 11 2013

Presenta Alma Guillermoprieto 72 Migrantes en el cierre del seminario internacional de periodismo

La última mesa de debate, precedida por Alma Guillermoprieto, en la cual participaron académicos y periodistas, como Daniel Lizárraga, Roberto Rock y Carlos Heredia se centró en las causas que generan la ausencia del periodismo de investigación como género en el país.

El primer seminario internacional de periodismo de investigación terminó con una acalorada discusión. El tema: periodismo de investigación. La conclusión, en palabras de la cronista Alma Guillermo Prieto: Los grandes trabajos de investigación en México aún no se han hecho. No hay recursos.

Guillermoprieto, Junto a Alberto Najar y Daniela Pastrana, presentó el proyecto “72 migrantes”, una serie de textos, perfiles y fotografías que retratan a cada uno de las personas de centro y sud-América asesinadas por el crimen organizado en el norte de Tamaulipas en agosto del 2010, lo que describieron como un altar a su memoria y la situación actual que miles de migrantes sufren y que es por lo general ignorada en nuestra sociedad e incluso los medios. “Éste es un tema de convergencia por la violencia y me adelanto, pero nosotros como periodistas lo hemos cubierto muy mal”.
Para el proyecto 72 autores, entre periodistas y escritores, trabajaron juntos y se coordinaron para investigar la identidad e historia de cada víctima, lo que dijo la cronista es una señal de que el periodismo de investigación es una posibilidad. Sin embargo dejó claro que si bien hay capacidad y talento, los medios no se arriesgan y el dinero, un factor obligatorio para las investigaciones a fondo, no se invierte en estos trabajos.
También denunció la negligencia de los medios hacia sus trabajadores diciendo que “una de las razones por las que hay tanto periodista asesinado en el país es porque los medios sueltan a los reporteros a su suerte sin protección alguna o respaldo”.

Lizárraga por su parte resaltó la falta de trabajo en equipo, el individualismo entre los periodistas que impide la cooperación necesaria para investigar casos temas como la corrupción. Rock la ausencia de espacios, derivado de los pocos recursos y el sistema de negocio que evita que los medios inviertan en estos temas. El periodismo, dijo Rock, es como un zombi, un ente muerto que camina creyendo que está vivo. Ricardo Rafael hizo el cierre de mesa con un discurso en el cual enfatizó la problemática del estado de transición por el que el periodismo mexicano está pasando y la pobre oferta de trabajo que espera a los futuros periodistas ”Hay 100 escuelas de periodismo en el país y cada una de ellas produce desempleados”
Sin embargo, el panorama gris tiene sus matices, las nuevas tecnologías, narrativas y temas son factores que se tienen que incorporar y aprovechar sin perder de vista que el buen periodismo es buen periodismo sin importar la plataforma.

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“Regina fue amenazada cuatro meses antes de ser asesinada”

5 11 2013

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Raúl Torres

La sala está llena de mujeres, han instituido un tribunal de consciencia para condenar a un Estado que no garantiza la justicia y vulnera de forma sistemática sus derechos; al entrar se puede escuchar el rumor de la indignación que crispa los cuerpos que se enteran de cómo y por qué el Estado mexicano es responsable de obstaculizar el esclarecimiento del asesinato de la periodista Regina Martínez.

Ha pasado más de un año desde aquel 27 de abril de 2012 y tres mujeres periodistas (Jade Ramírez, Daniela Pastrana y Norma Trujillo) exponen ante una jueza los motivos y los hechos, documentan las inconsistencias en la investigación de la fiscalía de Veracruz, demuestran las omisiones que cometió la encargada de dictar sentencia a un presunto culpable que hoy está libre, exhiben la manera en que las autoridades tergiversaron las evidencias y antepusieron prejuicios fundados en estereotipos de género para evadir la posibilidad de ejercer justicia. Frente a ellas hay dos sillas vacías destinadas para los representantes del Estado mexicano.

Es la primera vez que en México se instaura el Tribunal de Consciencia pata los Derechos de las Mujeres y el de Regina Martínez es el cuarto caso que se analiza en esta ocasión; el veredicto de la jueza, Monserrat Díaz, es lapidario: “Este es un caso emblemático sobre el papel del Estado en cuanto a los derechos de las mujeres (…) El Estado mexicano es responsable de graves violaciones a los derechos humanos de Regina Martínez, pero su actuación es más significativa porque al violar los derechos de ella también viola los derechos de todas las mujeres periodistas”.

“Regina fue amenazada cuatro meses antes de que la asesinaran, en diciembre de 2011 salió de vacaciones y al regresar a su casa encuentra que todos los jabones que tenía en su baño estaban abiertos y regados, incluso en el baño todavía había vapor, como si alguien se acabara de bañar; su miedo era constante pero aún así continuaba con su labor periodística (…) El  día del velorio, a su círculo cercano, nos llegaron mensajes en los que se decía que Regina había sido asesinada por su macho (…) La Procuraduría del estado no tomó en cuenta nunca la actividad periodística de Regina para investigar y prefirió destacar que el crimen tenía tintes pasionales relacionados con un supuesto cambio en su conducta (…) En el expediente se presentan como evidencias psicológicas de ese cambio de conducta algunos objetos encontrados en su casa: varios jabones para eliminar la celulitis y las manchas de la piel, zapatillas casi nuevas, intención de comprar tela para mandar a hacer minifaldas y vestidos, así como una caja nueva de inyecciones para el deseo sexual”, relata Norma Trujillo y un escalofrío recorre varias espaldas mientras el rumor de la indignación salta de silla en silla.

En este espacio la memoria dignifica y se convierte en el argumento más contundente contra la injusticia; la jueza recuerda que se trata de un tribunal de consciencia, no vinculatorio, pero afirma que los tratados y convenciones internacionales cuyas violaciones fueron acreditadas en este caso, como la Convención Americana sobre los Derechos Humanos o la Convención de Belem Do Pará (para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer) deberían obligar al Estado a rectificar su postura.

Una paradoja en este caso: la violación del Estado a los derechos de Regina Martínez durante el proceso judicial fue encabezada por dos mujeres: Consuelo Lagunas Jiménez, en ese tiempo directora de Investigaciones Ministeriales de la Procuraduría de Veracruz, y la jueza Beatriz Rivera Hernández, quien recibió el caso.

Lagunas Jiménez desestimó pruebas y líneas de investigación para construir un escenario donde uno de los presuntos asesinos de la periodista es un hombre cuya presencia en el lugar del crimen no está suficientemente probada y además está libre por errores en el proceso judicial.

Rivera Hernández, para cerrar el asunto, fue omisa ante las inconsistentes pruebas aportadas por la fiscalía y decidió aplicar una sentencia de 38 años y 2 meses de prisión contra Jorge Antonio Hernández Silva, supuesto cómplice del homicidio y quien terminó saliendo de prisión por las evidencias de tortura para arrancarle una confesión y por irregularidades en el proceso. El presunto autor material, José Adrián Hernández Domínguez, fue declarado prófugo y ninguna autoridad parece estarlo buscando.

El tribunal de consciencia ha determinado condenar al Estado mexicano y ese veredicto establece, además, que el caso puede llevarse a instancias internacionales.

Emma González, una de las organizadoras del tribunal recuerda que la intención de éste es exponer asuntos que han pasado por instancias jurídicas del Estado o estén en algún proceso penal y en los que las víctimas no estén conformes con las resoluciones oficiales porque la información ha sido tergiversada en el sistema penal.

El siguiente tribunal se pretende realizar el 8 de marzo, pero por lo pronto, para hacer públicos los resultados de éste primer ejercicio, el próximo 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia de Género) varias organizaciones harán un pronunciamiento al respecto y éste se hará llegar a las autoridades involucradas.

“Ha sido un trabajo extenuante y emotivo, mover estas emociones te deja la esperanza de que las cosas pueden cambiar y la sociedad civil debe llamar a rendir cuenta a los funcionarios responsables”, señala Emma al salir de la sala.





Discurso de Marcela Turati al recibir el Premio de Derechos Humanos WOLA 2013 en Washington DC

26 10 2013

View More: http://kendrajoyphotography.pass.us/wola-gala-2013

 

Me siento muy honrada de estar aquí con ustedes esta tarde. Principalmente por lo que WOLA ha representado para América Latina durante las constantes emergencias en el terreno de los derechos humanos. Me siento muy movida, también, por cargar el peso de un premio que personas a quienes admiro han recibido este año y en años anteriores.

Gracias a mi amigo Alfredo Corchado, mi paisano, quien viajó desde México para presentarme y porque está preocupado por la situación que vivimos en México.

Todavía no me acostumbro a estar aquí, arriba, en el micrófono. Yo debería de estar junto a las bocinas, tomando apuntes para armar una nota informativa del evento, pidiendo a los editores que esperen porque el programa está retrasado y los oradores excedieron su tiempo.

Pero con la violencia desencadenada en México a partir de la llamada “guerra contra las drogas” –la estrategia militar emprendida el sexenio pasado con fondos y apoyo estadounidenses a través de la Iniciativa Mérida, que continúa vigente– mi país cambió tan rápido que los periodistas cuando nos dimos cuenta ya estábamos tomando otros roles.

En esos tiempos yo fundaba con otras amigas periodistas que deberían de estar esta noche compartiendo conmigo este premio, una red que bautizamos Periodistas de a Pie, y que tenía como objetivo lograr que nuestras notas sobre los programas sociales ganaran espacio en los medios de comunicación.

Pero la violencia nos trasplantó en otro camino.

En mi caso, de ser una reportera que se dedicaba a cubrir la pobreza de pronto estaba cubriendo el hallazgo de fosas comunes con hasta 200 cadáveres y entrevistando a decenas de padres y madres itinerantes que habían caminado por todo el país buscando a sus hijos desaparecidos para ver si identificaban al suyo.

De repente yo ya no lidiaba con damnificados por desastres naturales sino que me encontraba con pueblos enteros desplazados por el huracán de la disputa territorial entre los cárteles o por las fuerzas federales por el control de las drogas.

Ya no reporteaba actos conmemorativos por los jòvenes (que hoy podrían ser abuelos) que fueron detenidos y desaparecidos durante la llamada guerra sucia de los años 70 y 80, en tiempos del PRI, sino que acompañaba marchas de madres y padres que cargan fotos a colores de jóvenes que fueron desaparecidos de apenas ayer, en tiempos de democracia.

La violencia nos cercó. Los periodistas tuvimos  la opción de vendarnos los ojos y pasar por encima de la sangre sin mirar, blindar nuestros oìdos a los sufrimientos; o agarrar la cámara, la libreta, la pluma e ir a los lugares de los que la gente huye en estampida, y contar que en ciudades como Juárez, frontera con El Paso, Texas, de tanto asesinato la morgue estaba saturada, que la sangre escaseaba en los hospitales, que la ciudad se poblaba de tumbas jóvenes, que la gente s apretujaba en casas de parientes del otro lado de la frontera, que legiones de niños huérfanos todas las noches masticaban pesadillas y sin nadie que velara por ellos.

Yo he tenido la responsabilidad y el privilegio de poder contar semanalmente esas historias desde la Revista Proceso, un espacio de libertad en el que el equipo de reporteros se ha dedicado a documentar los nexos gubernamentales con los cárteles, los capos de la droga, la estrategia de guerra, la relación con EU, las sistemáticas violaciones de derechos humanos y las voces de las víctimas.

Las compañeras de la Red y yo que nos enlistamos a la cobertura de la violencia de inmediato supimos que estábamos impreparadas para cubrir la crisis humanitaria que estábamos viviendo. Así que pedimos ayuda a la ONU y a otras organizaciones para armar talleres con periodistas colombianos. De ahí surgió la decisión de cubrir la guerra desde las víctimas de la violencia que nadie escuchaba, que eran miradas con sospecha, obligadas a llorar en silencio, y los cuerpos de sus hijos echados a las fosa común de la impunidad.

Conforme la coyuntura nos lo exigía diseñamos nuevos talleres. A veces el reto era cómo entrevistar a niños traspasados por la violencia, cómo encriptar información para que no sea detectada, cómo se entra y se sale de zonas inseguras, cómo nos cuidamos emocionalmente para que lo que reporteamos no nos robe la alegría de vivir.

A los talleres de ciudad de México comenzaron a llegar periodistas provenientes del interior del país, mudos del susto, con la pesadilla atorada como catarata en los ojos, que nos contaban cómo los narcos, los policías o los políticos intentaban silenciarlos o habían callado para siempre a algún compañero. O de la oficina incendiada cuando estaban trabajando. De la granada que dejó a un compañero inválido. De las torturas de los narcos, protegidos por militares, a quien no quiso seguir órdenes. De la desaparición de amigos que seguían la pista a negocios criminales que involucraban a políticos.

Una mañana de 2010 de pronto estábamos en plena Avenida Reforma, cargando pancartas con las fotos de los colegas asesinados, tomando la calle para exigir justicia. Gritábamos que no queríamos “ni uno más”, que “los queremos vivos”, que nos queremos vivos. Ya intuíamos lo que después fue obvio: había una cacería contra periodistas.

Recuerdo que no nos animábamos a tomar la avenida. Siempre habíamos estado en las marchas entrevistando a los manifestantes que tapaban el tráfico con sus protestas pero ahora nos tocaba a nosotros. Los amigos de organizaciones de derechos humanos que ahí se encontraban nos decían: “Órale cabrones, no se rajen, para que vean lo feo que se siente”. Mientras marchábamos en silencio se acercó un colega para entrevistarme y me pidió que si le ayudaba a cargar el cartel que llevaba mientras él escribía mis respuestas. Cuando terminó le pedí que él tomara mi pancarta para ahora yo entrevistarlo. Al final nos preguntábamos ¿Con qué nombre se va a firmar la nota si nosotros también somos los protagonistas? De pronto, los que nos dedicábamos a dar la nota nos convertimos en la nota.

De ahí no paramos. Un día estábamos haciendo colectas por los periodistas exiliados en EU, subastas en apoyo a los que huyen al DF para salvarse de amenazas, campañas contra las golpizas policiacas o haciendo gestos simbólicos, casi invisibles, como limpiar la tumba de la valiente periodista asesinada Regina Martínez, quien era corresponsal de mi revista en Veracruz, y marchando al lado de sus amigos.

Muchos colegas nos preguntan si seguimos siendo periodistas o ya somos activistas. Porque, además del trabajo cotidiano de armar la nota del día, nosotros militamos contra el silencio, por el derecho de los ciudadanos a estar informados y el de todos a expresarnos,  y porque no maten, desaparezcan o intimiden a otro más por hacer su trabajo, y porque los culpables encuentren castigo, y por nuestro derecho a la felicidad, ¡y porque lo que ocurre no es normal, porque no podemos acostumbrarnos, no podemos darle tregua a los silenciadores!

Ahí tuvimos que hacer unos ajustes a nuestra identidad. La mía y la de otros colegas que han creado redes de periodistas por todo el país para protegerse a ellos mismos y mantener a salvo la información. Porque saben que están solos: que no le importan ni a los dueños de los medios de comunicación ni al gobierno.

En un taller una periodista me preguntaba: ¿Sigo siendo periodista si lloro? Y yo pensaba ¿quién no lloró en esa caravana del dolor que cruzó el país y donde cada kilómetro aparecían decenas de almas mutiladas que habían tenido que callar que les habían matado a sus hijos? ¿Cómo no estremecerse al ver cada 10 de mayo la avenida Reforma llena de madres que no tienen que portar el pañuelo blanco de las Madres de plaza de Mayo en la cabeza porque las reconocemos bien y sabemos que sus hijos fueron desaparecidos y no están para festejarlas? ¿Qué debemos sentir cuando te llaman para agradecerte que en una línea de tu reportaje mencionaste el nombre del hijo desaparecido entre los más de 26 mil registrados sólo los últimos 6 años, o el de un asesinado entre los 70 mil en ese lapso?

Quien ha sido testigo de tanto horror, quien ha tocado algo de ese dolor, quien sacude entre las cenizas hasta dar con los sobrevivientes de esta violencia difícilmente vuelve a ser un alma en paz. La conciencia nunca deja de punzar. Ya no puedes borrar lo vivido.

Por eso, entre los mismos que nos organizamos para cuidarnos a nosotros hemos armado proyectos colectivos para recuperar la memoria de las víctimas. Para ponerle rostro, nombres, edades y sueños rotos a la estadísticas de muerte. Para que la sociedad (no sólo las víctimas ni los perpetradores) sepa lo ocurrido.

Aunque desde diciembre cambió el partido del gobierno y regresó el PRI, nuevas víctimas siguen llegando a la redacción de la revista donde trabajo para ser escuchadas mientras la mayoría de los espacios informativos les han cerrado la puerta de nuevo. Como por arte de magia en México se habla de paz y se quiere esconder a las víctimas debajo de la alfombra.

Las masacres siguen ocurriendo. Y en lugares como Ciudad de México desaparecen jóvenes al salir de bares. Y hay madres que hacen huelgas de hambre para exigir que les ayuden a buscar a sus hijos. Y hay periodistas amenazados buscando protección de los mecanismos gubernamentales que no funcionan.

La pregunta es: ¿Y ahora quién va a firmar la nota cuando silencien a todos? ¿Habrá nota?

Esta es una batalla que se libra en México en estos momentos contra el silencio.

Necesitamos crear las condiciones para juntar la información que tenemos anotada en nuestras libretas, y con expertos juntar las piezas para ver quiénes se beneficiaron con tanto dolor, cuáles fueron los mecanismos de la muerte, cómo se llevaron a cabo, cuál fue el papel del Estado en todo esto.

Por lo pronto lo que hemos podido hacer es caminar junto a las víctimas que exigen justicia y documentar sus pisadas. Como se les niega la verdad judicial aspiramos a que vean su verdad reconocida en notas de prensa, para que lo ocurrido quede en la memoria social, a manera de una comisión de la verdad en tiempo real.

Muchas gracias.





Presentan segunda edición de Entre las Cenizas en la FIL del Zócalo

25 10 2013

Presentan segunda edición de Entre las Cenizas en la FIL del Zócalo

por Jonathan Hernández

En el marco de la XIII Feria Internacional del Libro (FIL) de la Ciudad de México, la Red de Periodistas de a Pie presentó la segunda edición de su libro Entre las cenizas, Historias de vida en tiempos de muerte.

La presentación, que tuvo lugar en el Zócalo del Distrito Federal, corrió a cargo de los periodistas Alberto Nájar, Marcela Turati, Vanessa Job, así como de los fotógrafos José Manuel Jiménez y Mónica González, ya que las historias van acompañadas de un proyecto multimedia.

Bajo la editorial Sur +, el libro muestra diez historias de hombres y mujeres que buscaron una solución a los conflictos que acaecían en sus hogares. Desde organizaciones a través de Internet, marchas por la paz, hasta policías comunitarias son presentadas como una solución a la violencia que se desencadenó en el sexenio de Felipe Calderón.

En esta ocasión, además del público en general, asistieron estudiantes y maestros de la Universidad Veracruzana, preocupados por entender la violencia que aún sucede en nuestro país, a pesar de que ya no sean las notas principales en los medios. Pero también por saber cómo hacer periodismo que no sólo informe, sino que a través de historias transmita y proponga soluciones. Dentro de la audiencia también se encontraron los periodistas y escritores Paco Ignacio Taibo II y emiliano Ruíz.

Marcela Turati destacó que en los relatos se encuentran diversos casos que pueden servir de ejemplo a otras personas para buscar soluciones a los conflictos en los lugares donde viven. Y, como ya han señalado anteriormente, si hay un libro que puede salvar vidas, es éste.

 

 





Segunda edición de Entre las cenizas en la FIL del Zócalo

25 10 2013

En el marco de la XIII Feria Internacional del Libro (FIL) de la Ciudad de México, la Red de Periodistas de a Pie presentó la segunda edición de su libro Entre las cenizas, Historias de vida en tiempos de muerte.

La presentación, que tuvo lugar en el Zócalo del Distrito Federal, corrió a cargo de los periodistas Alberto Nájar, Marcela Turati, Vanessa Job, así como de los fotógrafos José Manuel Jiménez y Mónica González, ya que las historias van acompañadas de un proyecto multimedia.

Bajo la editorial Sur +, el libro muestra diez historias de hombres y mujeres que buscaron una solución a los conflictos que acaecían en sus hogares. Desde organizaciones a través de Internet, marchas por la paz, hasta policías comunitarias son presentadas como una solución a la violencia que se desencadenó en el sexenio de Felipe Calderón.

En esta ocasión, además del público en general, asistieron estudiantes y maestros de la Universidad Veracruzana, preocupados por entender la violencia que aún sucede en nuestro país, a pesar de que ya no sean las notas principales en los medios. Pero también por saber cómo hacer periodismo que no sólo informe, sino que a través de historias transmita y proponga soluciones. Dentro de la audiencia también se encontraron  los periodistas y escritores Paco Ignacio Taibo II y emiliano Ruíz.

Marcela Turati destacó que en los relatos se encuentran diversos casos que pueden servir de ejemplo a otras personas para buscar soluciones a los conflictos en los lugares donde viven. Y, como ya han señalado anteriormente, si hay un libro que puede salvar vidas, es éste.

 

 





Relatoría del taller de Periodismo Literario

5 09 2013

Taller de Periodismo Literario

Impartido por Luis Guillermo Hernández

 Los días 2, 3, 9, 10, 23, 24, 30 y 31 de agosto de 2013.

En el Centro de recepción profesional de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, Ciudad de México, México.

Relatoría Periodismo Literario

Taller Luis Guillermo





Ganadores del IX Premio Nacional Rostros de la Discriminación 2013

31 08 2013

En la categoría de Reportaje Escrito, Fernando del Collado Cuevas resultó ganador por el trabajo titulado La homofobia vive en Nayarit “Besitos ¡por ratas se volvieron jotos!”

Publicado en la Revista Emeequis

http://www.m-x.com.mx/2013-08-18/besitos-por-ratas-se-volvieron-jotos-2/

 

En la categoría de Reportaje Multimedia, la ganadora fue Dulce Abril Ramos Cardon, por el trabajo La traición de México, el desdén del Estado ante el migrante que retorna

Publicado en Animal Político

http://www.animalpolitico.com/2013/08/la-traicion-de-mexico/#axzz2dK6wAYWE