Esclavos del narco

30 10 2012

Una investigación hecha por cuatro medios latinoamericanos, entre ellos Animal Político, de cómo el narco hace que personas con distintos perfiles, desde niños hasta adultos, y profesionales, trabajen para ellos a la fuerza.Insight Crime  presenta un especial realizado por cuatro medios latinoamericanos sobre crimen organizado y derechos humanos. El primer especial fue sobre desplazamiento forzado en México, Colombia, Guatemala y El Salvador.

Este segundo, que hoy te presentamos, es sobre esclavos del narco. Los hombres, mujeres, niños y profesionales que se convirtieron en trabajadores forzados para grupos delictivos.

Animal Político realizó una investigación en los estados de la República donde este problema se ha presentado de manera frecuente y te presenta los datos, las historias y testimonios de aquellos a quienes les fue arrebatado algún ser querido para trabajar para el narco.

Lee el primer reportaje completo:

Los esclavos especializados

Es 25 de enero de 2009, y el ingeniero José Antonio Robledo Fernández habla por teléfono con su novia, mientras se estaciona frente a un servicio de autopartes en Monclava, Coahuila. Es originario de la capital mexicana, pero radica desde hace más de un año en esta ciudad norteña, donde labora para la empresa constructora ICA Flour Daniel.

José Antonio habla un perfecto inglés y tiene experiencia en encarpetado e instalación de antenas, aunque por el momento su responsabilidad es vigilar a las firmas subcontratadas por ICA en este municipio.

Trabajar en Monclava es una oportunidad para reunir dinero y poder casarse. Ignora sus peligros. Ignora que Los Zetas cobra aquí el llamado “derecho de piso” a la empresa que lo ha contratado, y desconoce, también, que algunos de sus compañeros son, en realidad, agentes del grupo delictivo.

Después de estacionar su Xtrail modelo 2004, José Antonio es abordado por tres hombres armados.

–¿Con quién trabajas? –pregunta uno.

–Con ICA –responde el ingeniero civil.

–Dame las llaves y súbete –le ordenan.

La llamada telefónica que José Antonio sostiene con su novia no se ha cortado y ésta escucha, además de esta breve conversación, los golpes que su pareja recibe.

Tres años y diez meses después, aún se ignora su paradero.

El ingeniero José Antonio Robledo Fernández es uno de los 36 profesionistas y técnicos que, en los últimos cuatro años, han sido plagiados por el crimen organizado, sin razón aparente, sin buscar una compensación económica, y sin que haya vuelto a saberse de su paradero.

Se trata, en la mayoría de los casos, de ingenieros, pero también hay arquitectos, médicos, veterinarios. Lee el resto de esta entrada »

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Otro Guerrero

11 09 2011

Texto y fotos por Celia Guerrero

Chilpancingo, Gro. 10 de septiembre 2011.- Amador Cortés y Hugo Juárez se mantuvieron alertas durante el viernes nueve de septiembre, no durmieron ni descansaron, vigilantes del recinto en donde algunos integrantes del Movimiento de la Paz con Justicia y Dignidad  pasaron la primera velada de la Caravana al Sur, en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero.

Ya en la madrugada, pasadas las 12 de la noche, decidieron junto con el resto de la comisión de seguridad cerrar las rejas del lugar, cuando un vehículo conducido por sicarios armados pasó por la calle de Circunvalación, justo frente la patrulla de Policía Federal que también resguardaba las instalaciones, cuentan.

“De tres años para acá se ha vuelto normal, o mejor dicho común, verlos pasar”, platica Hugo Juárez.

Informes de la Procuraduría General de la República (PGR), la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Civil reportaron un repunte de la violencia en 2008, con más de 360 ejecuciones en Guerrero, señalando los secuestros y la creciente corrupción policial como resultado de la lucha entre grupos criminales.

Igualmente, Chilpancingo creció exponencialmente en los últimos 40 años, de 36 mil 193 habitantes en 1970 a 187 mil 251 en 2010 según datos del INEGI. “Ya no es un pueblo de banqueta como antes”, comenta Amador Cortés, originario del Tlacoapa, Guerrero.

Explica que él bajó de la región de la montaña, aludiendo a la migración que realizan los pueblos indígenas, como tantas otras personas que en busca de trabajo y servicios salen de sus lugares de origen en la Sierra de Guerrero, hacia la capital del Estado.

En su camino, hace casi 6 años, se convirtió en fundador de la colonia “Emperador Cuauhtémoc”. Se trata de un grupo de colonos que intentan preservar en Chilpancingo los usos y costumbres de las comunidades a las que pertenecieron antes de migrar.

Pertenece al Consejo Indígena y Popular de Guerrero y al Frente de Masas  Populares de Guerrero, agrupación de organizaciones que recibió en esa primera parada a los caravaneros, formada hace tres meses “dada la necesidad coyuntural de unidad de luchas”, afirma Amador Cortés.

“Aprovechamos el cambio de gobierno para formarla, porque ya era necesario. La transformación no lo va a generar el gobierno, Ángel Aguirre (gobernador del Estado) tiene toda la escuela del Partido Revolucionario Institucional (PRI), son los mismos métodos corporativos pero con manejo político populista”, opina.

El pasado mes de enero el Partido de la Revolución Democrática (PRD) subió al frente del gobierno del estado de Guerrero, después ser regido por el PRI.

Sin embargo en el Estado permanecen y se incrementan los crímenes en la zona de la montaña, municipios, capital e incluso en el famoso puerto turístico de Acapulco.

“Quisiera irme con la caravana, porque hace falta que nos unamos todos los mexicanos para exigir seguridad. Como nuestros compañeros de la policía comunitaria de la montaña, pero esa es otra historia”, dice Amador Cortés.





La justicia no es negociable

30 07 2011

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Texto y fotos: Celia Guerrero

“La justicia no es negociable”, aclaró Norma Ledezma, fundadora de la asociación civil Justicia para Nuestras Hijas. Paloma, su hija, desapareció el 2 de marzo de 2002, y su cadáver fue localizado 27 días después en la zona conocida como El Campo Algodonero. Tenía 16 años, estudiaba computación y trabajaba en una maquiladora.

Norma Ledezma respondió así a las promesas y peticiones de perdón de diputados y senadores que escucharon ensimismados su relato el pasado 28 de julio en el Castillo de Chapultepec. Habló después de Josefina Vázquez Mota, presidenta de la Junta de Coordinación Política en la Cámara de Diputados y precandidata presidencial del partido en el poder, quien afirmó que “hoy las puertas del Congreso de la Unión se abren de par en par a las exigencias de la sociedad civil”.

“Escuchar a la legisladora decir que hoy se han abierto sus puertas es lamentable –apuntó la madre. Llevamos cinco horas en este encuentro, dos sexenios y tres gobernadores, exigiendo justicia (…) en lo personal nueve años, cuatro meses y 26 días, tocando puertas que no se abren”.

La reunión entre miembros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que encabezan víctimas de la violencia mexicana, y los representantes del Congreso de la Unión, llevaba, en efecto, más de cinco horas. El rostro compungido y serio de legisladores comenzaba a tornarse pardo.

Habían llegado a la reunión con ánimo festivo, saludándose efusivamente, en punto de las 10 de la mañana. Las víctimas y familiares, que también son víctimas, entraron después y dejaron claro que esta no era una reunión social.

“Ustedes han sido operadores políticos de los intereses partidocráticos y no servidores de los ciudadanos, para ustedes, la educación, la cultura, la ciencia, la paz ciudadana y la tragedia de las víctimas de la guerra no han sido prioridad de sus corazones ni del gasto público, pero sí lo son sus partidos y sus elecciones onerosas y corruptas”, soltó, de entrada, Javier Sicilia, en un discurso de 40 minutos que hizo al poder legislativo corresponsable de los muertos del sexenio.

“¿Ustedes creen que los ciudadanos somos de verdad idiotas?”, cuestionó el líder del movimiento.

Los legisladores perdieron la sonrisa, mientras las víctimas hablaban.

Primero fue Julio Cesar Márquez, padre de uno de los niños fallecidos en el incendio de la Guardería ABC, en Sonora, quien demandó a los legisladores un periodo extraordinario para aprobar la Ley 5 de Junio, que “garantizará estándares de calidad en atención a los niños”.

Luego fue Gabriela Cadena, madre de Gabriel Alejos Cadena, asesinado junto con Juan Francisco Sicilia, el 28 de marzo. Exigió considerar un presupuesto específico para crear un fondo para víctimas, ya que después de la muerte de un familiar, “los que quedamos vivos luchamos por recuperar la paz emocional y económica”. Y lloró con el poeta, sentado a su derecha, al recordar ambos que ese día, cuatro meses antes, asesinaron a sus hijos.

Sin pausas llegó la intervención de Yuriana Armendariz, habitante de Creel, el pueblo de Chihuahua que inauguró las masacres de esta guerra. “Hemos descubierto que El Colibrí, autor intelectual y material de la masacre, es sobrino directo de la entonces procuradora estatal Patricia González”, gritó la joven, hermana de uno de los 13 asesinados en Creel. Reclama que confundieron a su hermano con criminales y que el presidente Felipe Calderón, “ese pequeño presidente que tenemos, desconocía totalmente lo que pasó en mi pueblo”

Sólo hubo silencio. Ni los panistas defendieron al presidente ni los priístas al ex gobernador Jesús Reyez Baeza, a quien llamó “el inepto ese”.

María Concepción Vizarreta Salinas, de Oaxaca, demandó justicia para sus familiares desaparecidos en Tamaulipas. Jesús Lara, en representación de los pueblos indígenas, exigió que se respete el centro ceremonial Wirikuta, tema que ningún legislador retomó. Julián LeBarón volvió a poner las tildes a las palabras: “Ustedes, los legisladores que presumen ser nuestros representantes, se han mostrados ciegos a la muerte que los rodea, sordos a los gritos desesperados de indefinición”.

Los legisladores no lograrían superar sus rejuegos políticos. Se dijeron impresionados, adoloridos,impactados por los testimonios que escuchaban. Algunos respondieron a la demanda de perdón de Sicilia: Arturo Escobar, del Verde Ecologista, Armando Ríos Piter, del PRD, el senador panista José González Morfín, la diputada Vázquez Mota. Ninguno del PRI tendría ese gesto.

Del otro lado de la mesa de diálogo, los rostros eran de incredulidad a los discursos políticos, cruzados los brazos, expresiones de desespero, indignación.

Emilio Álvarez Icaza, ex Ombudsman capitalino, propuso la creación de una ley integral para la atención de víctimas. Manifestó el desastre en el que se encuentra el Servicio Médico Forense (Semefo) de México. Pidió a los legisladores la planeación de un presupuesto para la creación de una base de datos de desaparecidos y un registro nacional para personas desaparecidas accesible para el público. “Adelantémonos a lo que pasó en Colombia. Un Estado ausente es eventualmente peor que un Estado fallido, porque no existe”, concluyó.

En la misma línea, Ernesto López Portillo, director del Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), pidió a los legisladores: “miren el espejo latinoamericano y cuiden a México”. Propuso además la creación de una auditoria federal de las policías que, sujeta a la Auditoría Superior de la Federación, vigilaría el desempeño de las policías en el país.

Las propuestas de las víctimas quedaron en la mesa: Reforma Política (revocación de mandato, plebiscito, referéndum, candidaturas ciudadanas, voto en blanco), Comisión de la Verdad, Ciudadanizar el Consejo de Seguridad Pública, Fondo de Apoyo para Víctimas y un rechazo rotundo a la nueva Ley de Seguridad Nacional.

En este último punto los legisladores hicieron mutis. En el resto, dijeron sí a todo: “sí a la ley de víctimas, sí a la comisión de la verdad, sí al fondo para víctimas, sí a los cinco ciudadanos representantes del Movimiento en cada Cámara, sí a la auditoría de las policías, sí a la reforma política”, enumeró, y palomeó en sus escritos Álvarez Icaza.

Dijeron que sí, pero no cuándo. “Sería muy difícil que hubiera una conclusión de todos los representantes de la Cámaras (…) Pero tenemos todo el interés de discutir del tema presupuestal con el Ejecutivo”, dijo Manlio Fabio Bletrones, presidente de la mesa directiva del Senado.

Lo demás quedó en el discurso de bienvenida del senador Beltrones: “Ustedes tienen la palabra, nosotros la obligación”. Y en la respuesta ahogada de Norma Ledezma: “¡La justicia no es negociable!”.





“Que la marcha la retomen todos”: Sicilia

3 05 2011
Daniela Rea / REFORMA

Ciudad de México  (3 mayo 2011).- Ha pasado poco más de un mes desde que su hijo Juan Francisco fue asesinado con un grupo de amigos. Javier Sicilia tiene el alma mutilada. Si antes cada mañana era motivo de festejo “como si el mundo fuera hecho por primera vez”, ahora las recibe con una dolorosa pregunta “¿por qué amaneció?”.

Al poeta le gustaría permanecer en el reposo de la noche y no despertar en una pesadilla.

Aún así, incompleto y un poco más delgado, Sicilia irradia fuerza y voluntad “de toda la gente que acogió mi dolor y el de las familias de 40 mil muertos”.

Día y noche atiende entrevistas aunque lo pesquen en mitad del desayuno o de un respiro, se duele con otras víctimas que buscan en él fuerza o consuelo, persuade a políticos que sólo tienen imaginación para la violencia, escucha a líderes empresariales o religiosos que, distanciados del otro, del pobre, del radical, temen que la Gran Marcha Nacional por la Justicia y Dignidad derive en violencia.

“Tenemos que volver a reconocernos en el otro para resolver nuestras diferencias”, les dice convencido.

Como poeta que es, Sicilia habla al corazón de los hombres. Diverge con Thomas Hobbes que ve al hombre como el lobo del hombre y justifica en eso la creación de un Estado que controle.

“El problema es que ahora el Estado no controla nada. Si hubiese sido lo que dice Hobbes no estaríamos sentados aquí, hace mucho nos habríamos devorado”, insiste con esa mirada de río, transparente.

Sicilia encabezará el 5 de mayo una caminata que recorrerá 80 kilómetros desde Cuernavaca hasta el Zócalo. Ahí, sobre las ruinas de la Gran Tenochtitlán, llamará a refundar la Nación.

Sobre ese día prefiere la esperanza y no lanzar expectativas, que considera uno de los grandes males del mundo moderno por sus limitaciones. El poeta habla de un día después de la marcha. Le gustaría verse leyendo, regresar a su soledad de escritorio, escribir una novela.

“Esto (la marcha) debe ser la Nación, que todos la retomen. Puedo ser una voz, quiero volver a ser pueblo (…) México ya no necesita tantos símbolos, necesitamos acciones y esas las construimos entre todos”.

Usted habla desde el corazón del hombre. Parece que los políticos no hablan ese idioma.

He estado hablando al corazón de los hombres, de los políticos que parece que tienen resuelta su vida y se vuelven insensibles a los dolores de los otros. No podemos seguir insistiendo en esa Cámara de Senadores con la que pudimos haber construido 10 universidades.

Creo que en el Presidente, en el peor de los diputados porque hay peores, hay un espacio todavía no oscurecido, pero que se puede encontrar si se hace silencio y se escucha a otros que persiguen dialogar, conocer, sentir. Necesitamos una cura de silencio, hay ruido, discurso, vacío por todos lados. Es un trabajo muy largo. ¿Estamos dispuestos a asumirlo? Ese es el gran reto que tenemos cada uno.

A esta marcha la anteceden al menos dos en contra de la inseguridad, que a largo plazo fracasaron en su objetivo. ¿Qué hace a esta diferente?

Todo depende de que las redes sociales, cada una con su agenda, coincidamos para que haya una verdadera fiscalización, consecuencialidad.

Hay un joven que se llama (Douglas) Lummis, autor de un libro muy bello “La Democracia Radical”. Dice que la democracia no es un hecho consumado, nunca lo es, es un horizonte que se construye todos los días. Ahora es un gran momento democrático. La belleza con la que soñamos no se va a establecer de la noche a la mañana, pero es un avance. El fenómeno democrático aparece en un momento dado y nos habla de lo que debe ser, de lo que algún día debemos esperar que sea. Esta democracia es el ya de este momento, pero no aún plenamente.

¿Teme a una derrota política de la marcha?

No, porque la verdad es la verdad, la diga uno o la digan un millón, no importa. Lo que estamos diciendo, aunque haya uno solo en esa plaza, es verdadero. Necesitamos una paz justa y un silencio que dice más allá de lo que podríamos definir, lo que es la justicia. Porque el horror que traemos detrás es del orden de lo indecible. Hay que leer ese silencio con mucha fuerza.

Que al día siguiente la sociedad amanezca con un ‘no pasó nada’.

Hay que contar siempre con el fracaso. Jesús fracasó, el hombre que habló del amor, de la paz, acabó muerto como un delincuente, con un fracaso total, abandonado de los suyos y sin embargo, lo que dijo es verdadero y es punto de referencia para los hombres y las mujeres que saben de qué se trata la vida. Puede ser un fracaso político, pero no es un fracaso de la verdad. Quiero ser fiel a eso, nada más.

La marcha puede dejar una mayor conciencia para fiscalizar, para exigir, para llamar a la desobediencia ciudadana cuando no se cumpla. Eso queda.

Después de la marcha ¿piensa formar algo a largo plazo más estructurado?

Si me preguntas que quisiera hacer, quisiera estar leyendo. No, no lo pienso. Soy un poeta y los poetas no planeamos. A los poetas les sorprende la palabra, les sorprende el trabajo en la soledad. Puedo apoyar, eso sí, puedo decir cosas, quizá decir veo la ventana allá, pensar en soluciones.

¿Esta marcha sería su ‘hasta aquí’?

Sí, creo que esto debe ser la Nación, que todos la retomen. Puedo ser una voz en el pueblo, quiero volver a ser pueblo. Uno sabe sus limitaciones. Si uno no es humilde consigo mismo, terminarás por decepcionarte, por traicionar.

Creo que México ya no necesita tantos símbolos, ya hay muchos, necesitamos acciones y esas acciones las construimos entre todos y yo no quiero ser, no quiero llegar a confirmar el principio de Peter que tantos diputados, tantos gobernantes tienen, llegar a mi nivel de ineficiencia. Mi nivel de ineficiencia es querer ser un líder, un político. No, yo soy un poeta y aunque está mi silencio, quisiera volver a escribir una novela.

¿Qué decirles a quienes lean esto como una claudicación?

No es una claudicación, quisiera que se leyera como una lección de humildad. Ellos también tienen que saber medirse y ser humildes, hasta dónde se comprometen, hasta dónde pueden, y no mentirle a nadie.

Yo no le estoy mintiendo a nadie, soy lo que soy y no pretendo ser nadie más y en ese sentido quiero volver a ser lo que siempre he sido y que sigue siendo lo que soy ahora. Si la gente tiene confianza en mí, no es porque me inventé, es porque soy el hombre que siempre he sido, sólo que ahora más público.

Habla usted de una candidatura de unidad al año 2012, ¿a quién ve encabezándola?

Para empezar no a mí. Pero tampoco estoy en la condición de decir como Javier Sicilia, quién. No soy un político, soy una voz moral, pero estamos en tiempos políticos y nombrar a alguien es politizar algo que no es mi interés. Hablo de un candidatos morales, que no tengan partido, que tienen camino en las instituciones. Hay mucho. Para mí, la referencia, es el doctor Salvador Nava, un hombre inquebrantable que hizo de la política una ética y de la ética una política.

Si encontraran a los culpables del homicidio ¿cesaría la lucha?

No, son dos cosas distintas. Esto deben hacerlo, es su función, pero no resuelve el caso político y tampoco el caso judicial. Hay 40 mil muertos, hay que identificarlos y darles la misma justicia que se le daría a mi hijo. Hay un pendiente que tiene que ver con las instituciones y la vida ciudadana.

Llaman a un pacto para la paz

La Gran Marcha por la Dignidad y la Justicia que encabezará Javier Sicilia busca llamar a un pacto que permita hacer la paz.

Sin anticiparse a los puntos que se plantearán en ella -“somos muchas voces, no es el pacto de Sicilia”, dice- el poeta y escritor delinea algunos de los aspectos que serán considerados: llamar a la fiscalización de las nstituciones por parte de la sociedad, a la reforma de una Ley de Seguridad Nacional que se base en el ciudadano, a la apertura política a través de la segunda vuelta presidencial y la revocación de mandato, y a la búsqu da de un candidato de unidad nacional, que aclara desde el principio, no es él.

“Yo llamaría a esa conciencia ciudadana. A ver partidos, a ver (Andrés Manuel) López Obrador, (Enrique) Peña Nieto, a ver el CEN del PAN porque todavía no tienen candidato, ¿van a renunciar a las candidaturas, vamos a bu car un candidato de unidad nacional y hacer una agenda para que el debate y lucha política puedan ser sanas? ¿No lo harán? Pues no vamos a las urnas. Tenemos que seguir construyendo la conciencia ciudadana, cada marcha h aportado a ello”, dijo a REFORMA.

Ha pasado casi un mes de la primera marcha en una veintena de ciudades convocada a raíz del asesinato del joven Juan Francisco Sicilia, Luis y Julio Romero, Gabriel Alejos, Álvaro Jaime y Socorro Estrada. La respuesta de Presidente fue un “dirijan el ‘ya basta’ a los delincuentes, mientras que los partidos políticos han permanecido ajenos.

“(Felipe Calderón) quiere oír, pero está rebasado. Creo que el País se le fue de las manos y no tiene más visión, por desgracia, que la de una Ley de Seguridad basada en la violencia. O está tan débil políticamente que n puede imaginar otra cosa. Creo que no está viendo correctamente el problema, la crueldad e impunidad (con que están matando) es porque también hay complicidad en las instituciones”, consideró.

Para el poeta, una posibilidad de pacto es que el Presidente reconozca que se equivocó en la estrategia, lo cual lo dignificaría moralmente.

“Si reconociera eso, buscaría hacer los consensos necesarios para trabajar, para reformar las instituciones, sería un gesto que esperaría, ese acto de humildad. Ojalá pudiera hacerlo antes de la marcha, no por un acto de presión, sino de conciencia, coherencia consigo mismo y la nación”, sostuvo





Técnicas narrativas y de investigación para el periodismo de conflicto. Seminario-Taller

2 05 2011
LA RED DE PERIODISTAS DE A PIE
invita al Seminario-Taller
Técnicas narrativas y de investigación para la cobertura  periodística de conflictos armados o en zonas de conflicto
  
Impartido por Ginna Morelo, periodista colombiana experimentada en el cubrimiento
de la violencia paramilitar en Colombia.
 ¿Cuáles son los riesgos que debe considerar un periodista al cubrir un conflicto armado? ¿cómo investigar sin preguntar? ¿debe cruzarse la línea de fuego? ¿cómo abordar a las víctimas, a los victimarios y al Estado?
Durante el Seminario-Taller, Ginna Morelo compartirá sus conocimientos sobre cómo cubrir un conflicto armado, el uso de la observación como una técnica metodológica,  revisará los riesgos a los que se puede estar expuesto y las oportunidades informativas que se pueden aprovechar. Además enseñará técnicas de entrevista para acercarse a la experiencia de las víctimas y herramientas narrativas para escribir sobre ellas.
Fecha: Miércoles 4 de mayo
Horario: 9.30-14 hrs.
Lugar:  Medellín 33, Col Roma (entre Puebla y Sinaloa).
Cuota de recuperación: $50 
 
Ginna Morelo es presidenta de Consejo de Redacción, organización que promueve el periodismo de investigación en Colombia; editora general de El Meridiano de Córdoba, ganadora del premio de periodismo Simón Bolivar y autora del libro Tierra de Sangre, memoria de las víctimas.
Si estás interesado en asistir aparta tu lugar! 
Envía tu nombre y medio a periodistasdeapie@gmail.com




Mujeres en tiempos del narco

16 03 2011

Marcela Turati

Proceso # 1793, 13 de marzo de 2011;

La bruma de muerte, dolor y abandono propia del clima de violencia que ahoga al país envuelve de manera señalada a las mujeres… a las mujeres cuyos familiares –esposos, hijos, hermanos– han desaparecido o caído muertos en la actual guerra contra el narco. Ellas cargan el peso de su propia tragedia y, al mismo tiempo, se arman de una fortaleza que impresiona: se organizan, se movilizan, gritan ya basta, y, aun pobres y desamparadas, tienen las agallas para encarar al Estado omiso…

El peso de la narcoviolencia mexicana está recargado sobre las mujeres. Ellas son las que recogen los cadáveres del familiar asesinado en una balacera y presentado como delincuente. Son las que recorren el país –tocando puertas, pegando carteles, haciendo pesquisas– para conocer el paradero del esposo, el hijo o el hermano, desaparecido. Son las que se organizan para exigir el esclarecimiento de las masacres de sus hijos. Son las que se quedan al frente de los hogares en los que falta el varón y sobran los niños que alimentar. Son las que acompañan a otras mujeres en su búsqueda de justicia o las que curan las heridas de las y los sobrevivientes de esta guerra.

Son las Antígonas modernas, “las que cumplen la ley de la sangre”, aunque esto signifique rebelarse contra el Estado, señala la diputada y doctora en sociología Teresa Incháustegui, cuando compara el mito griego con el nuevo papel que en este sexenio han asumido miles de mujeres.

De la tragedia de Sófocles: Cuando el rey de Tebas prohíbe sepultar el cadáver de Polinices, uno de los dos hijos varones de Edipo, para que sea devorado por las aves carroñeras y su alma nunca encuentre descanso, una mujer desafía esa orden: Antígona, la hija de Edipo, abandona las murallas de Tebas para enterrar a su hermano. Eso le cuesta la muerte.

“Lo que estamos viendo en México es el grito de Antígona cuando el Estado insensible mete en la fosa común a todos los muertos tratándolos como criminales y los expulsa de la comunidad de los ciudadanos al no darles siquiera muerte digna, reintegración de la muerte a lo que fueron sus nexos en la vida. Entonces Antígona, en nombre de la ley de la madre, que es la de la carne y la sangre, sale de la ciudad a enterrar a su muerto, porque es la ley de la sangre, que está más allá de la ley del Estado”, dice la legisladora experta en género, familia y grupos vulnerables.

Las organizaciones estatales con un papel relevante en la atención de las víctimas de la violencia han notado este protagonismo femenino por los nuevos desafíos que esta realidad acarrea.

Las estadísticas señalan que más de 90% de los más de 35 mil asesinados durante el sexenio son varones. No hay una cifra oficial, sin embargo el conteo periodístico arroja un cálculo: de los 3 mil 111 homicidios registrados en 2010 en Ciudad Juárez, por ejemplo, 306 fueron cometidos contra mujeres.

“Hay muchas mujeres que se están quedando viudas, a cargo de sus hijos, sin el sustento del marido, cargando el estigma social de lo que se dedicaba el marido, de por qué lo asesinaron. Para ellas y sus familias no hay políticas específicas: viven su situación de madre sola, con necesidades económicas y con ese estigma. A lo mejor no es difícil que vuelvan a caer en una situación igual, presas en las redes de las personas que se dedican a delinquir”, advierte la socióloga Rosario Varela, de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Coahuila.

A su vez, Mercedes Murillo, directora del Frente Cívico Sinaloense, señala: “Muchos de los que han sido asesinados dejan esposas con hijos, o a las esposas embarazadas y sin un centavo, porque su vida es de oropel, pero no ahorran. Cuando los matan, las muchachas andan pidiendo dinero para enterrarlos porque no tienen con qué”.

Las organizaciones han notado que muchas mujeres que no trabajaban han tenido que hacerlo debido a la pérdida del marido. O si ya lo hacían, llegan a trabajar hasta una doble jornada. Como en el caso de los ocho jornaleros que salieron hacia Estados Unidos el año pasado y desaparecieron en Coahuila. Sus esposas mantienen a las familias con la venta de enchiladas por las noches, aunque viven en comunidades donde el trabajo femenino no es bien visto.

El médico y doctor en psicología Carlos Beristain, de nacionalidad española, experto en atención a colectivos impactados por graves violaciones a los derechos humanos, señala que con la violencia y en procesos de militarización entra en crisis el papel de las mujeres, porque los hombres son los más expuestos a morir y a ser reclutados, y ellas enfrentan el impacto de la violencia en sus propias vidas, las de sus familias y las de su comunidad, con lo que cargan el peso de todos.

“Las mujeres tienen que hacer frente a los procesos de duelo e impacto por las pérdidas familiares y sociales, y la mayor parte del trabajo de reconstrucción familiar y social recae sobre sus espaldas, especialmente cuando tienen que hacerse cargo solas de la familia. Además, las mujeres tienen en general muchos menos espacios sociales para participar que los hombres, por lo que a la mayor sobrecarga afectiva y social se une un menor poder sobre su propia vida o la toma de decisiones.”

Sin embargo, el experto que ha trabajado con sobrevivientes a la violencia de Colombia, Guatemala, El Salvador, Perú y México, señala que las mujeres tienen una gran capacidad de afirmación y de resistencia en situaciones de tragedia, y que muchas veces su rol entra en crisis.

“Hacen de mamá y papá, las hostigan con frecuencia por ser viudas, están estigmatizadas, están afectadas por la pérdida, muchas veces sufren amenazas pero también se hacen líderes. En muchos países han sido las mujeres las que primero se han movilizado para buscar a sus familiares, hacer públicos los hechos o presionar a las autoridades. Muchas de esas experiencias han estado movidas por la lógica del afecto. Son las que salen a la calle a mostrar un problema cuando nadie se atreve. Rompen el estereotipo de pobrecitas, débiles, marginales, y pasan de la lógica de afecto por el ser querido a una lucha por los derechos humanos, pasan del caso individual a lo colectivo”, explica.

 

Nuevas luchadoras

La regiomontana Gloria Aguilera, esposa de Julián Urbina Torres, y madre de Julián Eduy y Giovanni Urbina Aguilera, los tres agentes de tránsito desaparecidos el 26 de septiembre de 2008, forma parte de ese colectivo creciente de mujeres solas que se dedican a pedir justicia. Ella nunca recibió pensión, a ellos los dieron de baja de la corporación por “abandono de trabajo”.

“Somos nosotras solas. Aunque pidamos no nos atiende nadie. De tantos plantones que hicimos, se logró una mesa de diálogo con el MP y los funcionarios. Ni este gobernador ni el otro nos recibió. Cuando hallaron aquella fosa clandestina grandísima le pedimos que investigaran esos cuerpos, que nos hicieran el ADN, pero es muy raro: fueron filas y filas de personas, y no estamos seguros si lo hicieron bien o no”, dice en entrevista.

Aunque ella sospecha que algunos tránsitos están coludidos en la desaparición de sus familiares y sabe que utilizaron el teléfono Nextel de su hijo, la procuraduría no ha investigado su caso, por lo que ahora se organiza con otras mujeres que conoció en Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, A.C. (CADHAC) –dirigida por Consuelo Morales–, y en la red de familiares de desaparecidos del norte del país, para presionar a las autoridades a que investiguen el paradero de sus familiares.

“Tengo un hijo más, por él salgo adelante. Vivo sola momentos terribles, es muy deprimente, en mi casa no contesto ni el teléfono. Por el hijo que me queda me levanto, porque está vivo, y para seguir buscando a mi esposo y a mis hijos. No sé qué más puedo hacer por ellos. Es tan poco. Sólo puedo buscar y pedir a las organizaciones que me orienten”, señaló en noviembre pasado.

El nuevo rol de las mujeres salta a la vista. Está la señora Luz María Dávila, la madre de dos estudiantes asesinados en Villas de Salvárcar, Juárez, que reclamó al presidente Felipe Calderón que hiciera algo. Están las madres de los jóvenes asesinados en Creel, Chihuahua, que llegaron a detener el tren Chihuahua-Pacífico para exigir justicia. Está Sara Salazar, la madre de Josefina Reyes, la activista juarense asesinada el año pasado, que instaló un campamento afuera del Senado para exigir la búsqueda de dos hijos más y su nuera y que está escondida con sus hijas en el DF. Está Norma Ledezma, la exobrera que cuando localizó muerta a su hija fundó Justicia para Nuestras Hijas y que hoy enseña a otras madres a buscar a sus hijos.

Ejemplo de valentía son dos mujeres que encabezaron la policía en dos de los municipios más violentos de México cuando ningún varón quiso hacerlo. Fue el caso de Marisol Valles, la ama de casa y criminóloga de 20 años que hasta el 2 de febrero era jefa de la policía de Práxedis G. Guerrero y actualmente, debido a las amenazas que enfrentó, busca asilo en Estados Unidos, y el de Erika Gándara, de 28 años, único elemento de policía en el municipio de Guadalupe, hasta que fue desaparecida.

En esa misma zona del Valle de Juárez destacaron por su valentía las defensoras de derechos humanos Josefina Reyes, asesinada el año pasado, y su colaboradora Cipriana Jurado, que tuvo que pedir asilo.

También hay una mayoría de mujeres en redes nacientes de terapeutas, psicólogos, trabajadoras sociales, tanatólogos, defensores de derechos humanos y abogados que atienden a las víctimas y a las comunidades más impactadas. Del mismo modo, más de 90% de las personas que se acercan a expertos o a organizaciones a pedir ayuda son mujeres.

Las mujeres encabezan las organizaciones de derechos humanos más activas en la denuncia de las violaciones a los derechos humanos en las zonas más convulsionadas por la violencia, como CADHAC de Nuevo León, Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (Cedhem) de Chihuahua, Paso del Norte en Juárez, el Frente Cívico Sinaloense o el centro Fray Juan de Larios en Saltillo.

“En los talleres con familias que han sufrido la desaparición forzada de uno de sus miembros, nos encontramos que mayoritariamente las que van son mujeres: las esposas, las hermanas, las hijas, que se van a la morgue, a las cárceles, a los separos, las que alzan la voz, las que luchan por sus compañeros e hijos. Otra vez las mujeres le gritan al mundo lo que está pasando”, señala la abogada chihuahuense Lucha Castro, del Cedhem.

El psicólogo Alberto Rodríguez Cervantes, del mismo centro, dice que por la cultura machista que exige a los varones ser “los hombres fuertes de la casa”, a ellos les está costando más trabajo expresar cómo les afecta la pérdida de un hijo o pedir ayuda. Eso se ve en los encuentros entre organizaciones nacionales que acompañan a familias con integrantes desaparecidos.

En cada fosa clandestina descubierta es fácil ver a mujeres indagando por el hijo, el padre, el esposo ausentes. En junio de 2010, tras el hallazgo de la mina con 55 cadáveres en Taxco, Guerrero, la morgue de Chilpancingo fue visitada por muchas mujeres. Una de ellas, que encontró a su hijo muerto, explicó el peregrinaje que siguió durante un año y siete meses para encontrarlo: “Lo busqué, lo busqué, donde quiera que iba lo buscaba. Nomás le pedía a Dios que un día lo tenía que encontrar, vivo o muerto, para ponerlo en el lugar que le corresponde. Y hoy me lo entregó. Yo anduve toda la carretera federal, lo buscaba en todo callejón que veía, en los Semefo de Taxco, Zihuatanejo, Acapulco. Donde quiera que iba lo buscaba”.

“Yo amo a mi hijo y lo seguiré buscando. Más que nada, porque algo me dice muy dentro que tarde o temprano lo voy a encontrar: vivo o muerto, pero lo voy a encontrar”, explicó en otra entrevista la señora Maximina Hernández Maldonado, mamá de José Everardo Lara Hernández, desaparecido el 2 de mayo de 2007, en Santa Catarina, Nuevo León, con José René Luna Ramírez. Ambos de 23 años y escoltas del alcalde Dionisio Herrera Duque.

 

Las más vulnerables

No todas atinan a salir a las calles a pedir justicia. Algunas no pueden. Dora Dávila, directora del centro comunitario juarense Salud y Bienestar Comunitaria (Sabic), que se dedica a atender a las familias que sufren la violencia, señala que como la mayoría de los hombres asesinados eran el sostén de su familia, las mujeres, además de tener que proveer el dinero para los suyos, tienen que lidiar con su propia depresión.

“Vemos que requieren terapias de atención en crisis para que salgan de la etapa del pánico, para que puedan dormir, porque un síntoma que nos manifiestan es que no duermen. Toda la noche piensan que van a regresar a matarles a toda su familia y a ellas; dicen que tienen miedo, están angustiadas y nerviosas. Hay mujeres que todavía cuatro meses después no han tenido atención y siguen sin comer, con insomnio, en pánico, con sobresaltos. Vemos muchas mamás solas, sin sustento, muy asustadas, que se han ido a vivir con sus hijos a El Paso a hacerse bolita con algún pariente, sin papeles, sin trabajo, sin posibilidades de trabajo. Sin nada”, explica.

Varias mujeres que han perdido a su pareja o a algún hijo por la violencia dicen que no se permiten llorar en su casa, por miedo a transmitir su miedo a sus demás hijos, y que tienen que encerrarse en el baño o hacerlo en la calle, solas, para no afectar al resto.

“Tenía que encerrarme a llorar en el baño por el asesinato de mi hijo, porque si no mi familia se derrumbaba, ellos me pedían que yo fuera la fuerte”, relata un ama de casa en uno de los Talleres de Duelo que se imparten en templos católicos de Ciudad Juárez.

Laura Baptista, periodista experta en tema de violencia y consultora de la Secretaría de la Mujer de Guerrero y del Instituto de las Mujeres de Tlaxcala, comenta que, independientemente del sector social al que pertenezcan, las mujeres que han perdido al marido “quedan solas al frente del hogar y generalmente con pocas herramientas y apoyos sociales para criar a sus hijos e hijas”. Esto las coloca en mayor vulnerabilidad.

El Instituto Nacional de las Mujeres estima que la participación de las mujeres en el narcotráfico ha aumentado 400% este sexenio, con base en el número de capturadas, la mayoría por transporte de droga.

La diputada Incháustegui advierte por ello acerca de la importancia de que el Estado cree una política que se haga cargo de las familias desintegradas por los asesinatos o las desapariciones de sus miembros:

“Con tanta muerte de jóvenes involucrados en actividades criminales, seguramente tenemos una feminización de los hogares urbanos, ¿y qué pueden hacer esas mujeres sin alternativa de empleo porque la maquila ya tronó o porque ya hasta la economía informal está quebrada en muchas comunidades? Podrían hacer parte de las estructuras criminales en los lugares donde viven, y hasta este momento el Estado sigue sin darles mucha alternativa”.





FUEGO CRUZADO. Las víctimas atrapadas en la guerra del narco

14 01 2011

“ESTA ES LA CRONICA DE ESTE FIN DE ÉPOCA. DEL MEXICO VIOLENTO, DEL FENECIMIENTO DE UNA ETAPA CRUENTA, Y EL MÉXICO EMERGENTE QUE NO TERMINA DE NACER […] EL LIBRO DE MARCELA MUEVE, ESTRUJA. ESTÁ HECHO PARA EXPLICAR HASTA DONDE HA ENRAIZADO LA CULTURA DE LA VIOLENTA MUERTE.” (DEL PROLOGO DE ROBERTO ZAMARRIPA)

Sinopsis:

Un número frío, indiferenciado, suma a los caídos por la llamada “guerra contra el narcotráfico”, pero en la periferia de la contabilidad oficial se esconden las historias de cientos de niños, mujeres y hombres, nuevos huérfanos (de padres y autoridades), viudas, familias en la indigencia, personas desaparecidas, pueblos exiliados por el miedo o que lidian con sus pesadillas, así como jóvenes que no tienen más opciones que engrosar las filas del crimen organizado o campesinos convertidos por hambre en productores de cultivos ilegales, entre otras expresiones anónimas del llamado “daño colateral”.

Las historias relatadas por Marcela Turati hablan  de las sombras del mayor conflicto armado de los años recientes en México: por un lado, las penumbras de la desinformación oficial de lo que los números esconden (más allá de las muertes contabilizadas), y por otro, el ocultamiento de las propias víctimas debido al estigma al que las condena el discurso oficial que las convierte en sospechosas de su desgracia.