16 01 2013

 

Por Estefanía Camacho

“Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal, porque me mató tan mal, y seguí cantando.”

-Mercedes Sosa, “La Cigarra”.

“Que Dios lo perdone”, dice Guadalupe Vázquez, sobreviviente de la masacre de Acteal al preguntarle sobre el ex presidente Ernesto Zedillo. Con lágrimas sobre el rostro está parada frente la tumba de su hermano Manuel que apenas murió el 10 de noviembre del 2012.

El camino a Acteal recorre un valle fértil que brilla por la lluvia que cayó durante todo el día anterior y ahora lo alumbra el sol. No hay ni un solo rincón del paisaje chiapaneco que no esté lleno de una alfombra de pasto que parece un terso fieltro verde. Aunque los Altos de Chiapas, Chenalhó no alcance luz de sol.IMG_8493

Guadalupe tenía cinco hermanos vivos hasta ese noviembre: dos hermanas, un hermano llamado Juan y otro Manuel. Tenía otras cinco hermanas más que fueron asesinadas a manos de grupos paramilitares ese 22 de diciembre de 1997 en la ermita donde rezaban sus padres también. Una tenía cinco años y otra, ocho meses.

Otras 40 personas fueron asesinadas mientras oraban por paz. Hombres armados acribillaron indiscriminadamente en esa mañana lluviosa. Un día después los velaron y el día que se celebra Noche Buena los enterraron.

Es por ellos, por quienes Guadalupe de 26 años realiza la tradición de subir en conjunto un sendero que la lleva a la ermita y a la iglesia. Una edificación vieja y blanca, un tanto mal pintada que hoy tiene dos estandartes en cada lado, una es blanca y dice “PAZ” y del otro lado está una bandera de México.

Durante el recorrido, la gente va en silencio. Mujeres tzotziles y tzeltales en su mayoría cargan unas cruces negras con los nombres y edades de los difuntos. Hay una banda que empieza a tocar música regional al momento de partir.

Como una canción de Mercedes Sosa, es una triste fotografía, pero que aún con penas, el pueblo hace música. Los niños juegan y corren, también ríen y el sonido de sus risas llena el vacío silencioso. Hay niños menores de 10 años que están conscientes de la razón por la que caminan.IMG_8605

Hay también organizaciones, prensa extranjera y movimientos que acompañan a los familiares entre el frío bochornoso que cubre las sierras cubiertas de niebla.

Así mismo viene una caravana del Movimiento con Paz por Justicia y Dignidad que ve por los pueblos indígenas y esta vez vienen a visitar a familiares y la tumba de “Manuelito”, a quien varios integrantes del movimiento conocieron hace un año en el mismo aniversario.

Manuel era hijo del catequista del pueblo, Alonso Vázquez Gómez y María Luna Méndez. Guadalupe, su hermana, afirma que su padre temía que la balacera fuera ocurrir, por eso él les pidió a ella y a su hermano Juan que se fueran a esconder debajo de Chenalhó, en los cafetales. Ella recuerda que su padre le dijo que prefería morir protegiendo a la gente del poblado.

“Nos pedían que nos calláramos, que no gritáramos para que no nos encontraran, que no lloráramos mucho”, revive Guadalupe. “Llorando estábamos, debajo de los cafetales”, continúa relatando.Manuel

En este aniversario, adolescentes que también sobrevivieron se animan a revivir la escena con una obra teatral. Un niño en personaje les dice a otros que se conviertan en paramilitares. La escena siguiente son los niños con armas de madera atacando a tres mujeres tzotziles. Alguien personifica a la muerte y visita a estas muchachas actrices. La muerte, sin embargo tiene de las manos a los perpetradores mas no puede afectarlos, a ellos no les toca.

Guadalupe también repasa cómo fue que sobrevivió su hermano Manuel en la ermita. Su hermano, que entonces tenía 12 años, sobrevivió debajo de cadáveres, que le cayeron encima mientras disparaban; él se quedó inmóvil y ella afirma: “Estamos seguros que él sí vio quién fue, conoció a los asesinos”.

Ella estaba en la primaria cuando sucedió, tenía 10 años y ahora tiene esposo y varios hijos. Este 2012, sólo trae en brazos a uno de ellos, Juan Antonio, que tiene año y medio. Es calmado y observa a su madre mientras relata todo. Y ahora dice que sólo queda seguir, que sólo queda “echarle ganas a la vida.”

 

 

Quienes conocían a Manuelito sabían que era alegre. Personas pertenecientes al MPJD afirman que contaba chistes y que cantaba. Guadalupe al ver a esta gente en este aniversario se siente alivida. Contenta de que tenía tantos amigos, que fue feliz y que él lo estuvo también. Le agradece a la gente que lo quiso, que le dio cariño que, según ella, le hizo falta por parte de sus padres, pero que  “detrás de sus chistes, de sus alegrías traía una gran tristeza.”

Guadalupe afirma que en ese momento creyó que todos se habían muerto, que sólo los que se escondían en el cafetal eran los únicos sobrevivientes. Su abuela y su tío además de sus padres y hermanas murieron, a la fecha también sobrevive una tía de ellos.

Sobre Zedillo y el regreso del PRI a la presidencia, ella confiesa entre lágrimas que nunca ha pensado en venganza. “Sé que Dios perdona, pero yo en el fondo de mi corazón no puedo (llora) sufrí tanto, perdí tanto… más que eso…”

Exigimos justicia, es lo único que nosotros pedimos. – Termina.

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