Una melancolía incurable

8 12 2012

Por Adriana Navarro

Tres mujeres jóvenes murieron un 12 de diciembre de 2009. La causa fue

que Rodolfo Márquez las atropelló. Él conducía ebrio y a toda velocidad. Él

salió libre a los pocos días. Un juez retomó el caso y dictará por fin

sentencia. Los familiares sólo esperan que se haga justicia.

 

La señora Lupita o Guadalupe Ortiz Mariscal ha olvidado sonreír. Los

recuerdos de su hija la mantienen en un punto de quiebre. Desde la sala de

su casa en Ameca Jalisco, un poblado donde el canto de los pájaros y el

ladrido de los perros se escucha nítidamente, cuenta su historia: “Nací en

la Ciudad de México, pero desde niña vine en Ameca, con mis familiares,

ellos me ayudaron con el problema de la polio. Conocí a mi marido en la

secundaria para adultos, nos casamos y tuve a mi niña”.

 

Liliana del Refugio Díaz Ortiz, el nombre de su única hija desciende a la

punta de la lengua de la señora Lupita con gran dificultad. Sabe a dolor

incontenible. Mira al techo para que las lágrimas regresen a la cavidad

donde brotaron.

 

“Lili era una niña muy linda, muy sociable. Todo el mundo me decía que la

tenía muy bien educada, porque era muy amable con toda la gente. Era una

niña muy hermosa. La gente me recomendaba que tuviera más niños, pero yo

sólo la tuve a ella por la dificultad de mis piernas”.

 

La señora Lupita anda muletas. La poliomielitis le obliga a atar sus

piernas a unos fierros. Con dificultad va y busca las fotografías donde

aparece su hija. El álbum familiar recopila imágenes de una niña pequeña y

sonriente con vestido ampón. Una chiquilla de 10 años de cabello rizado que

sonríe al estar abrazada de su papá. Una joven de facciones delgadas que se

prepara para bailar en el festival de la secundaria.

 

La señora Lupita sostiene las fotografías, mientras se le amontonan los

recuerdos. “Lili tenía 13 años y muchos amigos. Su cumpleaños era el 27

febrero e iba a la secundaria José María Morelos y Pavón donde tenía beca.

Era muy entusiasta para el estudio. Ella quería ser arquitecta. Ir a

estudiar a la Ciudad de México o irse a Estados Unidos. No era una niña

loquita, era muy hogareña, siempre estaba conmigo”.

 

Pero el 12 de diciembre de 2009 Lili le pidió permiso a su mamá para ir al

cumpleaños de una amiga, Dulce Guadalupe Santillán. Su hija prometió

regresar a su hogar a más tardar a las 8:30 de la noche. Pero Lili nunca

regresó.

 

El caso de Iris

Eliseo Mora Silva, es agrónomo y originario de Ameca. El era papá de Iris

Amecalt Mora Meza, una joven de 14 años, que tampoco regresó a su casa ese

trágico 12 de diciembre de 2009.

 

El dolor que sufre Eliseo le impide respirar por momentos. El sufrimiento

se le ha extendido en la planicie entera de su corazón. Su padecimiento se

acentúa por los recuerdos de ese día: “Esa vez me preparaba yo para ir a

jugar futbol, y yo tengo canas en las cejas, y le dije: Ven hija sácame las

canas. Me dijo: No papi, para mí es muy difícil, mejor que te ayude mi

mamá. Esas fueron mis últimas palabras con ella. Me fui a jugar futbol y al

terminar el partido, llegué a casa de un amigo del equipo. Estábamos ahí y

llegó un vecino diciendo que Iris había sufrido un accidente. Ahí sentí que

me fui a un pozo profundo”.

 

Iris era la hermana más pequeña de sus seis hermanos, quienes al igual que

ella, preparaban su fiesta de 15 años. “Mi niña sin agraviar a nadie, era

la más hermosa del mundo, iba cumplir 15 años, cuando pasó esa tragedia.

Todo el mundo la amaba, todo el mundo la quería. Sus amigos siempre la

seguían mucho por su amoroso carácter”, cuenta Eliseo, con una tristeza que

lo desorienta.

 

“A Iris lo que más le gustaba era comer, especialmente el pozole que

preparaba su mamá. La escuela no era su fuerte, era re-burra, pero le

gustaban todas las materias, era burrita, pero no reprobaba. Ella quería

ser maestra, como su hermano más grande que es maestro y a ella le gustaba

como daba las clases”.

 

Sus hermanos, su mamá y su padre guardan las fotografías de Iris mostrando

una sonrisa sincera, de una joven rodeada de amigos, de una persona que

imprime en cada gesto su entusiasmo por la vida.

 

El 12 de diciembre 2009

 

La noche del 12 de diciembre de 2009, Iris, Lili y Lupita (Dulce Guadalupe

Santillán Rivera) debían regresar a sus casas a más tardar a las 8:30.

Ellas por la tarde habían festejado el cumpleaños de Lupita, quien recibió

de regalo una motocicleta Honda. Las jóvenes aprovecharon el obsequio y

subieron a la moto para transportarse a sus hogares. Ellas tomaron la

carretera San Martín Hidalgo-Ameca, sin imaginar que también transitaba en

una camioneta Chevrolet Cheyenne, Rodolfo Márquez, en estado de ebriedad y

a toda velocidad.

 

Rodolfo interceptó a las jóvenes en el kilómetro 23 y las golpeó haciendo

que sus cuerpos volarán 16 metros. Ahí en la carretera las jóvenes

perdieron la vida. Rodolfo siguió su maniático curso hasta quedar varado en

una gasolinera donde fue detenido por los lugareños.

 

El fatal accidente llegó a oídos de los habitantes de Ameca y de San Martín

Hidalgo. El luto se esparció rápidamente. Los periódicos locales publicaron

en esas fechas, notas de la muerte de las 3 mujeres e imágenes de las

carrozas funerarias seguidas por cientos de personas, que tomaron las

calles del pueblo para acompañar a las dolientes familias.

 

En la cárcel Rodolfo despertó preguntándose si había matado a una vaca. El

Ministerio Público de Ameca lo consignó con dos agravantes: exceso de

velocidad y alcoholemia, ya que llevaba 228 miligramos de alcohol por 100

mililitros de sangre. Estas dos agravantes le prohibían salir de la cárcel

hasta cumplir una condena que dictaminaría el juez.

Pero la justicia no llegó en ese momento. La juez de Ameca, Adriana Yáñez

desestimó la agravante de la velocidad y le fijó fianza alegando que los

expertos en ciencias forenses habían dictaminado que no rebasada los 70 km.

Pero el mismo Rodolfo había confesado que iba a más de 80 km ese día. Los

testigos aseguraron que superaba los 100 km, y que además conducía sin

luces y que llevaba más que alcohol en sus venas.

 

Rodolfo antes del novenario salió libre. No pagó indemnización, ni gastos

funerarios a los familiares. Ingresó una fianza de 601 mil pesos para

salir de la cárcel.

 

Los padres de las jóvenes aseguran que parte de ese dinero se lo quedó la

jueza, Adriana Yañez, quien se desentendió del caso, eludiendo que conocía

al abogado que defendía a Rodolfo y se cambió de juzgado.

 

Hoy la juez esta de nuevo laborando en Ameca, pero no aceptó hacer ningún

comentario sobre el caso.

 

Rodolfo estuvo dos años libre y se mudó a vivir a Guadalajara, hasta que

fue reprendido el 20 de abril de 2011, debido a que el Ministerio Público

en Guadalajara retomó el expediente.

 

El juez del juzgado tercero de lo penal, Mario Hernández dictará sentencia

a Rodolfo antes del 14 de diciembre de este 2012. El juez analizará los

argumentos de los defensores del conductor y las exigencias del Ministerio

Público que pide que se condene a Rodolfo Márquez por delito de homicidio

por culpa grave, la indemnización para las familias y cárcel de un mínimo

de 3 años a un máximo de 10 años e inhabilitación para manejar. Los padres

de las jóvenes fallecidas sólo esperan que no salga pronto de la cárcel y

que por fin se haga justicia. Justicia que hace 3 años no se consiguió.


					
Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: