Búsqueda sin caducidad

11 05 2012

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Texto: Gonzalo Ortuño López

Fotos: Lucía Vergara

Un sol prepotente asoma sus rayos desde el cielo gris de la Ciudad de México a 300 madres preparadas para marchar. Algunas llevan puestas playeras blancas, sombreros para responder el saludo al astro rey y tapabocas con la pregunta que nadie les ha podido responder: ¿Dónde están?

Todas comparten la misma ausencia: hijas e hijos que fueron arrebatados del mundo y que hoy están desaparecidos.

Vienen desde Coahuila, Chihuahua, Nuevo León, Zacatecas, Tamaulipas, Estado de México, Durango, San Luis Potosí, Jalisco y Guanajuato. No llegaron solas, los padres, hermanos, hermanas, hijos, hijas y defensores de derechos humanos, nutrieron al grupo que organizó la Marcha de la Dignidad Nacional. Eligieron a la mole que funge de monumento a la Revolución como punto de inicio.

A primera vista, parece que tienen pena, las consignas son suaves, sólo las gritan algunas señoras  y no contagian al resto de las gargantas. Avanzan 100 metros y notan las miradas de los curiosos desde las banquetas y los balcones, alzan las pancartas con las fotos de sus familiares. Los dirigentes dan una señal y  estalla el clamor con ayuda de los megáfonos: “¡¿Dónde están, dónde están, nuestros hijos, nuestras hijas dónde están?!”

Desde 2006 organizaciones civiles estiman que hay por lo menos 10 mil personas desaparecidas en México a raíz de la Guerra contra la delincuencia organizada. La CNDH (Comisión Nacional de los Derechos Humanos) lleva un incierto registro de 16 mil 800 personas desaparecidas, entre extraviadas y fallecidas no identificadas. Organizaciones como FUNDEM (Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México) el Comité Cerezo Contreras y el Centro de Derechos Humanos Victoria Díez, entre otras, han documentado algunos casos y asesorado a familiares de personas desaparecidas.

El contingente de madres y familiares no deja de gritar a pesar de que del otro lado de Paseo de la Reforma los conductores mantengan su rutina de ritmo acelerado e indiferencia por la protesta. Decenas de fotógrafos ya esperan al grupo en el Ángel de la Independencia.

Gabino Gómez, campesino y defensor de derechos humanos de Chihuahua, anuncia la llegada del conjunto de víctimas. “Este es el drama de México señores” dice mientras los familiares abarrotan media glorieta del monumento.

Existe una lista de siete puntos que la Marcha de la Dignidad Nacional exige cumplir a diferentes autoridades y estas demandas incluyen la búsqueda inmediata de todas las personas desaparecidas, la conformación de una base de datos nacional, la atención estructural de la Procuraduría General de la República a todos los casos de desapariciones,  la creación de una fiscalía especial para personas desaparecidas, la creación e implementación de protocolos de investigación, la implementación de un programa federal de atención a familiares de personas desaparecidas así como aceptar las recomendaciones del Grupo de Trabajo para Desaparición Forzada e Involuntaria de la ONU.

Organizaciones civiles se comprometen a exigir desde sus trincheras los siete puntos y deciden pasar lista por las personas ausentes. “Edgar Hernández Balderas, Julieta González, Esmeralda Torres, Erika Carrillo, Nitza Alvarado, José Ángel Alvarado, Elizabeth Rodríguez, María García, Brenda Castillo, Laura Sáenz, Mario Cano, Sergio Hernández, Luis Muñoz, Nemesio Solís, Toribio Muñoz, Mario Bustamante…” la lista no termina y la respuesta a cada nombre es un presente. A estas alturas son pocos los que no derraman lágrimas.

Madres de Guanajuato

Los Centros de Derechos Humanos no tienen registro alguno de desaparición forzada en Guanajuato. Sin embargo hay personas desaparecidas que vivían en alguna parte del estado y ya no volvieron a sus hogares.

Lourdes Valdivia, de León Guanajuato es una mujer robusta, de ojos pequeños, que siempre necesita traer una coca-cola de 600ml en la mano. Desaparecieron a su esposo José Diego Cordero Anguiano y a su hijo, Juan Cordero Valdivia junto con 8 personas más en el estado de Zacatecas el 6 de diciembre de 2010 en un viaje de cacería. Policías municipales los entregaron a hombres armados y no ha sabido más de ellos. La marcha con mujeres en su misma condición le da esperanza y la fortaleza para exigir a los medios de comunicación espacio para los casos de desaparición forzada. “Ellos deberían darle más difusión a los desaparecidos para que la sociedad no los olvide, para que el mundo no los olvide, son gente que tiene nombre” dice Valdivia con indignación. Su semblante cambia y con resignación reconoce no tener un distractor más que sus nietos. “A uno lo matan también en vida yo siempre estoy con mi dolor y mi tristeza y así será hasta el día en que me muera”.

Dos madres de San Felipe Torres Mochas están sentadas al pie del Ángel de la Independencia, buscan atención, ayuda para encontrar a sus hijos. Genoveva Pérez no ve a sus dos hijos  Jorge Y Roberto Ibarra Pérez, desde el 15 de octubre de 2010, cuando desaparecieron en la Ciudad de Monterrey. Ambos iban a Estado Unidos para trabajar. Pérez, de pocas palabras y de afligido semblante nunca ha tenido contacto con medios de comunicación ni algún tipo de asesoría legal, por eso vino a marchar. “Hemos pedido apoyo pero no nos escuchan, ojalá y en esta marcha nos hagan caso. Me siento bien, todas tenemos un mismo dolor y estamos unidas, hay que seguir adelante”.

Belén y su hija Claudia Ventura llevan un año buscando a Rafael Ventura quien desapareció en San Fernando Tamaulipas el 17 de enero de 2011. Con rumbo a Estados Unidos, Rafael fue desaparecido por presuntos zetas. Madre e hija han solicitado pruebas de ADN con restos de fosas clandestinas como en la que se hallaron 72 cuerpos de migrantes, sin embargo no han recibido atención por parte de las autoridades. Ambas poseen un semblante de desconfianza e indignación, tal vez porque pocos periodistas se muestran interesados en su historia, sólo un reportero de tv azteca y otro de Tv 4  le dieron difusión a su caso y a nivel local. En Guanajuato el tema de la desaparición no está en la agenda de medios.

María Sabina Luna, originaria de San Luis de la Paz, tiene a su hermano y dos primos desaparecidos. No sabe desde cuándo y dónde. Iban hacia Estados Unidos y desaparecieron junto con 18 migrantes. Sabina Luna excesivamente tímida, muerde una rebanada de melón y dice que no tiene miedo, especialmente después de marchar con mujeres que entienden su dolor.

“Yo ya no tengo miedo a hablar, unidos agarramos más fuerza, hasta donde pueda los voy a seguir buscando”.

Se agota el plantón de casi cinco horas. madres y familiares ansían conocer la basílica de Guadalupe para pedirle a la virgen por sus hijos, por sus hermanos, esposos y seres queridos.  Son como los amorosos de Jaime Sabines. Se avergüenzan de toda conformación. Se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida, y se van llorando, llorando, la hermosa vida.

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3 responses

14 05 2012
Búsqueda sin caducidad « Palabras Despiertas- MLC

[…] Texto: Gonzalo Ortuño López / Periodistas de a Pie […]

14 05 2012
Ricardo

Desgarrador, la mejor de las vibras a tu labor Gonzalo y que continúe con toda la fuerza

14 05 2012
familiamorarodriguez

Excelente artículo, debemos tenerlos presentes y apoyarlos. Con nuestras oraciones, sí, pero también con nuestras acciones y exigiendo se les cumpla lo que están pidiendo.

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