Donde serena el silencio

10 09 2011

Gonzalo Ortuño López

Hoy la ciudad de Iguala rinde honor a su nombre, que en lengua yohualcehuatl  significa “donde serena la noche”. Aquí donde el sastre José Magdaleno Ocampo elaborara la primera bandera del México independiente, marcha la Caravana al sur del Movimiento por la paz con justicia y dignidad, mientras la mayoría de los igualtecos, callados, observan a los que, como Félix Pita García, se atreven a romper cercos construidos por la violencia.

Félix Pita, de piel morena  de la que resbalan gotas de sudor por caminar bajo el sol y un prominente bigote canoso, tiene a su hijo Lenin Vladimir de 18 años, desaparecido desde el 1 de marzo del 2010, cuando militares irrumpieron en la discoteca donde trabajaba y se lo llevaron junto con cinco amigos más. “Hoy vivimos esta pesadilla, esta desgracia y le reclamamos al presidente de la republica y le decimos que es un inepto porque le estamos presentando un video donde se grabó todo, el momento, el día, siendo las 10:30 de la noche. Ahí está la evidencia, le ha costado el puesto al procurador militar, quién aceptó que si fueron sus militares. ¿Qué más pruebas quiere el presidente?  ¡No es justo! … de no resolverse este problema, el presidente de la república es un criminal” afirma tajante, mientras camina despacio sosteniendo la manta  que muestra los 6 rostros y nombres de los muchachos desparecidos.

Pita García asegura que tiene esperanzas para alcanzar justicia, con el movimiento encabezado por el poeta Javier Sicilia. “Aquí estamos en pie de lucha sumando a la caravana por la paz, por la dignidad, por la justicia con Javier Sicilia y esto nos lleva hasta las últimas consecuencias.  Él fue la persona inteligente y valiente que ha sabido de un momento dado, darle cause a esos sentimientos que estaban escondidos. Hoy en día nosotros estamos en la mejor disposición de hacer un eco, cerrar un puño. La esperanza está viva y está latente”  asegura Pita García al mismo tiempo que un grupo de niñas entonan cánticos por la paz exigiendo fin a la guerra contra la delincuencia organizada.

Antes de dirigirse al pueblo de Iguala en la plaza pública de la ciudad, el señor Pita describe la carga emocional que puede sentir un padre cuando desaparecen a su hijo: “Llorar es poco, decir basta es poco, gente que no ha vivido en carne propia un hecho así se muestra un poco insensible pero viendo estos actos de lucha la gente se suma y la prueba es ésta. No nos hemos de rajar porque estamos en una lucha pacífica”.

Ya en la explanada, en un acto público con el movimiento de paz, Félix Pita García espera su turno para contagiar de alguna manera, su indignación y ganas de lucha a su gente, invitándolos a reaccionar:   “No lloremos por México, luchemos por él”

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