Dejan a juventud sin divino tesoro

30 08 2011

Margarita Vega y Daniela Rea /REFORMA

Ciudad de México  (12 agosto 2011).- El desempleo y los trabajos precarios afectan a muchos mexicanos, pero, en el caso de la juventud, esta situación es aun más grave.

Y es que los jóvenes cuentan con una tasa de desocupación más elevada que la de la población en general y, cuando acceden a un empleo, lo hacen, en la gran mayoría de los casos, en condiciones laborales precarias.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondiente al primer trimestre de 2011, la mitad de los 31.7 millones de jóvenes de entre 14 y 29 años forma parte de la Población Económicamente Activa (PEA).

De esa mitad, el 8.1 por ciento no tiene trabajo. La proporción de desocupados en el caso de la población en general es de 5.2.

Además, casi dos terceras partes de los jóvenes que se encuentran ocupados ganan menos de tres salarios mínimos, alrededor de 5 mil 200 pesos al mes, y carecen de acceso a las instituciones públicas de salud. Una cuarta parte labora en el sector informal.

Entre quienes se desempeñan como asalariados en el sector formal, menos de la mitad cuenta con contrato escrito y sólo 14 por ciento dispone de vacaciones pagadas, aguinaldo y reparto de utilidades.

Para Héctor de la Cueva, coordinador del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (CILAS), el mercado de trabajo para la mayoría de los jóvenes está compuesto por una oferta precaria e inestable que, lejos de mejorar, ha empeorado en los últimos años.

“Todo indica que la perspectiva es que los jóvenes se tendrán que conformar con un futuro de empleo precario, mal pagado, inestable, con pocas prestaciones. Se está condenando a los jóvenes a vagar de chambita en chambita”, comentó en entrevista.

‘Nos tachan de revoltosos’

Inconformes por las deficientes condiciones de trabajo en el call center “Atento”, los veinteañeros Yoreimi Escalona y Héctor Álvarez decidieron recurrir a la ley para exigir sus derechos laborales.

Lo que detonó la queja fue la labor cotidiana: la atención a cientos de llamadas diarias de gente enojada, durante 8 horas seguidas con sólo 20 minutos para descansar, con gripas crónicas por la falta de higiene en las diademas de los teléfonos, por un salario que ronda los 3 mil pesos mensuales durante los 6 meses que duraba el contrato.

Los egresados de la facultad de Ciencias Políticas de la UNAM buscaron asesoría y llegaron al Sindicato de Telefonistas.

Así, según su relato, se enteraron que la empresa reportaba un salario de 4 mil 222 pesos mensuales a través de un sindicato de protección y no los 2 mil 800 que recibían en su cheque.

Cada mes, les “robaban” mil 422 pesos de su trabajo. Multiplicado por los 8 mil jóvenes que trabajan para el call center… a hacer cuentas.

Decidieron integrarse como una sección del sindicato, la empresa se enteró y en un periodo de 6 meses despidió a los 22 revoltosos. Ahora esperan la resolución de un juicio laboral contra “Atento” y mientras, tratan de organizar a más jóvenes para exigir sus derechos laborales.

“Es muy difícil, no es como antes. En el 68 cuando al menos había conciencia. Ahora hay conformismo, hasta los mismos compañeros nos tachan de ‘revoltosos'”, dice Yoreimi, quien trabaja desde los 14 años.

“Sólo en el DF hay entre 8 mil y 10 mil jóvenes de 18 a 22 años trabajando en el call center, pero no se organizan. Hay una enajenación de los chavos por todo. Es tan desgastante el trabajo que al salir no quieres saber nada de organizarse, pero también como no es fácil encontrar otras opciones, prefieren aceptar la que hay y no meterse en líos”, agrega Héctor, quien espera su reincorporación laboral con la denuncia.

Su oficina es un pequeño cubículo en el edificio del Sindicato de Telefonistas. En las paredes hay carteles donde se lee “En Chile, Argentina y Brasil, Atento cuenta con sindicatos democráticos. ¿Por qué en México no?”.

Su entusiasmo contagia. En su discurso no están “los indignados”, pero son críticos al señalar que en las escuelas ya no educan sobre los derechos y en los hogares el tema se guardó en un cajón ante la urgencia de sobrevivir.

Y no se saben únicos. Hay cientos de jóvenes organizándose en el tema laboral o educativo. Pero son como islas, dice Héctor. Pequeñas islas que aún no encuentran la forma de asirse.

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