Vencen víctimas el miedo

7 06 2011

Daniela Rea / REFORMA

 

DURANGO: PIERDE SICILIA A HIJO; EL NIÑO A SU PADRE

 

Desde las cuatro de la tarde, durante cinco horas, una familia esperó a la Caravana del Consuelo al pie de la carretera a Durango. A la familia Rodríguez Flores la encabezaba Francisco, un pequeño de seis años que cargaba en sus manos el retrato de su padre.

 

Se lo mataron. Fernando Rodríguez Maturino apareció muerto hace tres meses, enrollado en una cobija, atado con cinta, tirado en un pedazo de tierra.

 

La Caravana detuvo su paso a mitad de la carretera. Javier Sicilia tomó al niño en sus brazos y lloraron juntos. El poeta perdió a su hijo, este pequeño perdió a su padre.

 

María Cirila Flores de los Santos, su madre, le dice que ahora ella es su mamá y su papá, que estará bien, que lo cuidará como si fuera también su padre. Él no está conforme. Lo extraña. Lo llora.

 

“Me dice que quiere crecer para matar a los que mataron a su papá”, dice la mujer que lo cobija con todo su amor.

 

La caravana avanza y llega a la capital de Durango, un estado con 228 muertos sin nombre hallados en fosas clandestinas. De desaparecidos, de asesinados por reclamar justicia, de ejecutados “por error”.

 

Hoy, de noche, la Plaza de Armas está llena, de dolor y de coraje. De entusiasmo. De familias que por primera vez, la gran mayoría, salió a dar su testimonio. Falta noche para nombrarlos y escucharlos a todos. No la paciencia. Ni la solidaridad.

 

Polo Valenzuela, suegro de Noemí Favela, fue asesinado con cinco balazos por reclamar la desaparición de su hijo. “Él nos dijo ‘¿qué espero, que me maten y que le den carpetazo a mi caso? ¿Eso esperamos todos los que buscamos justicia?'”.

 

Bibian Echavarri avanza al punto del desmayo, en las manos carga una cartulina con la foto de sus 3 hijos, de 20, 22 y 27 años, asesinados por el error de haber ido a un bar, la noche que los sicarios fueron a cobrar cuota, los desaparecieron y los mataron “por confusión” en Gómez Palacio.

 

“Me dijeron, sus hijos son buenos, pero fue una confusión. Me mataron a mis hijos por la necedad del Presidente que dice que tenemos que sacrificar algo. Ya sacrifiqué a mis tres hijos Hugo, Miguel, Luis…Señor Presidente, así como lo pusieron la mayoría de los mexicanos, así lo podemos quitar”, clamó con la voz desgarrada.

 

Diana Jacobo está aquí acompañada de sus hijos; su esposo Javier fue desaparecido hace dos meses por la Policía Ministerial. Hasta un mes después presentó su denuncia. No lo hizo antes por temor y lo hizo hasta entonces porque si encontraban su cuerpo y no había denuncia, no se lo entregarían.

 

“Tengo miedo, tengo mucho miedo. Pero estoy aquí porque tengo hijos, porque confío en el señor Sicilia, pero tenemos que ser nuestra voz. No nos van a callar, no nos van a matar”.

 

Beatriz Ríos habló de su hijo desaparecido el 21 de marzo. Esta noche no sabe nada de él. Viene a pedirle a quien lo tenga que se lo regrese. Hoy, sus tres nietas están huérfanas, su madre murió hace unos meses y su padre no aparece. Está de pie, llena de fuerza.

 

“Recuerden que somos la tierra de los alacranes y como tales hay que saber defendernos”, convoca a los solidarios que la acompañan esta noche desde el anonimato.

 

Es la primera vez que las calles de Durango sienten estos pasos, dice una mujer que marcha arrastrando la carriola con su bebé. Retumban los tambores, los gritos “no más fosas”, “no más levantones”, “no más desaparecidos , “no más muertos por error”, “no están solos”. Retumba el dolor y la emoción. Una mezcla incomprensible de sentimientos se apersona en esta plaza viva.

 

ZACATECAS VENCEN EL MIEDO Y HABLAN DE SUS DESAPARECIDOS

Vencieron el miedo. Salieron de sus casas y se presentaron en la Plaza de Armas para dictar la historia reciente de Zacatecas. La de los ciudadanos o policías desaparecidos, secuestrados, asesinados, la de los necios que pese a las amenazas, se rebelan al olvido.

 

Ante un mitin entusiasta conformado por jóvenes en su mayoría, la señora Ofelia Castillo denunció la desaparición de su hijo Edgar Humberto, un policía municipal de Calera, de 35 años de edad, detenido por sus compañeros de trabajo y entregado al crimen organizado.

 

Desde el 13 de julio de 2010 no sabe nada de él y a las autoridades tampoco les interesa. No hay ninguna novedad, le dicen en la Procuraduría estatal aunque les haya pedido investigar al subdirector de la corporación policial. “Si él ya no viviera, quiero saber al menos dónde está”, reclamó la mujer, quien en esta lucha anda sola, pues el miedo calló a sus familiares.

 

También fue desaparecido el hijo de Enriqueta Trejo, Dagoberto Espinoza, un policía ministerial de 34 años que la noche del 24 de septiembre de 2010, su día de guardia, salió a comprar una hamburguesa con otra compañera el trabajo. Dos camionetas le cerraron el paso y se lo llevaron. Sólo alcanzó a suplicar que a ella la dejaran libre porque estaba embarazada.

 

Enriqueta, una mujer que parece de roble, logró una cita con el Procurador de Zacatecas, Arturo Nahle, quien le recomendó estar tranquila. “Si ellos lo traen (los miembros del crimen organizado), lo traen trabajando y le pagan muy bien”, le dijo el funcionario.

 

La Caravana por el Consuelo, que encabeza Javier Sicilia, fue el cobijo que las familias necesitan para vencer el miedo y compartir su testimonio en un Zacatecas que hasta hace poco los ignoraba.

 

“Por favor, necesitamos que nos ayuden, que no nos abandonen”, imploró Jorge Antonio Guardado, hermano del empresario y ex Alcalde interino de Fresnillo, Juan Carlos, desaparecido desde hace 4 meses.

 

También habló Raymundo Romero, cuyo padre, el ex diputado local Eleazar Romero, cumplió hoy 82 días desaparecido.

 

La cascada de testimonios tomó por sorpresa a la Caravana porque antes de llegar a la capital el ambiente era hostil. El contingente hizo un breve descanso en el paradero “Las Arsinas”, un conocido punto de “halconeo” donde llegaron refuerzos de seguridad: dos camionetas de la Policía Estatal con 8 hombres armados y una más con dos elementos de la AFI.

 

“Estamos entrando en territorio nebuloso”, dijo una de las activistas.

 

“Esperamos, con nuestros policías hermanos, llegar a buen puerto. Que viva la paz”, dijo el poeta y abrazó a los oficiales, acompañado de Teresa Carmona, cuyo hijo fue asesinado en la Ciudad de México.

 

Y no es para más, confió un policía. Desde hace 3 años las cosas cambiaron en Zacatecas. “Hay ojos por todos lados, cada parte del territorio está controlada”, dijo.

 

Otro recordó que aquí fueron desaparecidos y asesinados 8 cazadores de León y sobre la Avenida López Portillo, donde circula el contingente rumbo a la Plaza de Armas, hubo dos narcobloqueos en febrero y marzo.

 

Por eso, sorprendió que 500 personas acogieran en la Plaza de Armas los dolores de sus paisanos.

 

“Los pacíficos no tienen más patria que sus muertos y más futuro que sus hijos”, dijo uno de los organizadores.

 

En “la suave patria” de Ramón López Velarde, los zacatecanos cobijaron a la caravana y a sus víctimas locales.

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