Los vigías de Cherán

28 06 2011

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Texto y fotos: Celia Guerrero

Cherán, Mich, 26 de junio.- Era viernes y las clases se suspendieron en el bachilleres del pueblo purépecha de Cherán, en el estado de Michoacán. Alejandro, de 17 años, alumno de aquella escuela, originario y habitante de la comunidad, comenzó a organizarse con su familia, amigos y vecinos para colocar las barricadas que hoy protegen las tres entradas al centro del pueblo, y las fogatas comunales, que están alerta esquina por esquina que ningún extraño entre o salga sin permiso.

72 días después, desde la torre de la iglesia principal del pueblo, donde se ubica el campanario, el grupo de jóvenes al que Alejandro pertenece, vigila el valle desde su privilegiada  posición y platican de cómo inició la defensa.

Aquél día en que las clases se suspendieron, Alejandro se enteró  por rumores que habían agarrado a seis talamontes que mantenían detenidos en El Calvario, una de las iglesias del pueblo. Él afirma que éstos sujetos suelen ir armados para enaltecer su prepotencia ante cualquier posible reclamo y pagan cuotas al crimen organizado para que les protejan; 200 pesos por cada camioneta cargada de madera que bajan del cerro. “Se les ve bajar hasta 100 camionetas al día; imagínate cuánto dinero sacan”, dice.

Los habitantes estiman que desde hace tres años, de las 27 mil hectáreas de bosque que pertenecen a Cherán, se han talado 22 mil.

Alejandro recuerda el día en que frente a sus ojos comenzaron a derribar los árboles cercanos al rancho de su familia. Él los vio a la cara, pero tuvo que ignorarlos y bajar la mirada con impotencia cuando le ordenaron hacerlo. Por esta razón cuando el pasado 15 de abril, alrededor de las nueve de la mañana, un grupo de jóvenes enfrentó a los talamontes armados con palos, piedras y fuegos artificiales, él decidió unírseles.

Cuenta que algunos jóvenes del cuarto barrio decidieron ahuyentar a los asechadores por medio de pirotecnia, a pesar de que los contrarios estaban armados con rifles y pistolas. La razón era clara: defender Cherán, para muchos su lugar de nacimiento, su tierra, sus bosques, sus ojos de agua, su comunidad. En este enfrentamiento un habitante recibió un tiro en la cabeza que lo mantiene en estado de coma, mientras que a uno de los contrarios le explotó un cuete en las manos sin causarle heridas mayores.

Poco a poco se adhirieron a los jóvenes otros hombres, para concertar finalmente que retendrían a los atacantes mientras planeaban cómo defenderse ante posibles agresiones de sus aliados. Ese momento, los comuneros desconocieron completamente a las autoridades municipales.

Junior, otro miembro de las barricadas que carga un bat de béisbol como arma, estuvo presente durante el interrogatorio de uno de los detenidos. Explica que amenazaron con regresar para matar a los habitantes si éstos no los ajusticiaban en ese momento. “Nosotros nos defendimos de sus agresiones pero en ningún momento pensamos en quitarles la vida. Ellos no se hubieran tentado el corazón” reflexiona.

En Cherán no hay líderes, hay puro común, como se denominan ellos mismos por pertenecer a la comunidad.

Durante cinco días los pobladores retuvieron a los talamontes y realizaron varias asambleas comunales para decidir la situación. Se acordó la creación de una policía comunitaria y los supuestos criminales fueron entregados a la policía de Morelia, éstos fueron liberados sin iniciar ninguna averiguación.

Sin embargo, las denuncias se remontan al año 2008, éstas fueron dirigidas a los gobiernos municipal, estatal y federal para solicitar apoyo en la zona contra quienes realizaban actividades ilegales como la tala clandestina, las desapariciones y los asesinatos, que hasta junio del 2011 suman 18 víctimas (12 muertos y 6 desaparecidos).

Hubo manifestaciones en Morelia, la capital del estado, e incluso se firmó un acuerdo con el gobierno federal para tener bases de defensa y vigilancia mixta, pero la situación no mejoró. Hoy los cheranenses desconfían de las autoridades y argumentan su complicidad con los talamontes, también desconocen al presidente municipal.

A partir del 15 de abril, Junior, quien es carpintero, dejó de trabajar para realizar guardias de hasta 24 horas. “Hay días en los que duermo sólo dos horas”, concluye.

Carlos Sánchez, de 32 años, cerró su restaurante para manifestarse en Morelia y posteriormente sumarse a las guardias con sus vecinos. “Lo hago por mis hijos, por el bosque, por el agua, por lo que es de Cherán”, comenta con nostalgia.

Francisco, de 18 años, cubre su rostro casi completamente, evita dar detalles de las acciones de su cuadrilla que vigila una de las entradas del pueblo. “A los pueblos vecinos les pedimos que no se acerquen para acá, porque vamos a seguir con el mismo plan, si vemos a uno, como sea, nos lo llevamos”, indica.

Los pobladores que están encargados de la seguridad son voluntarios. Están organizados por barrios, mantienen vigiladas los accesos. Se realizan faenas en todo momento. Todo es de la comunidad para la comunidad. A pesar de querer la intervención del ejercito, no lo solicitan para patrullar dentro del pueblo, sino para los alrededores, que señalan como el territorio donde son más vulnerables.

Después de vivir poco más de 10 semanas con el intenso miedo a lo imprevisible, el humor de la comunidad se ha relajado con la visita de la Caravana por la Paz, con Respeto y Dignidad.

Frente a la plaza principal donde se realiza el mitin, los vigías de Cherán miran al horizonte. Durante la charla, algunos niños nos acompañan y los vigilantes se descubren el rostro para platicar con los visitantes. Comentan que generalmente sólo algunos de ellos pasan la noche ahí en lo alto, esperan que todo esté en calma, ocultan su identidad con una pañoleta o comanda.

Conscientes de su desventaja al enfrentarse a grupos armados, aseguran no tener miedo. La defensa de su pueblo pareciera ser más importante que la vida propia. “Nos da más miedo no hacer nada”, afirma uno de ellos.

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Duelo en el Alcázar

24 06 2011

Javier Sicilia entregó al Presidente un escapulario como símbolo de que a él le toca ahora hacer justicia

Daniela Rea/ REFORMA

Ciudad de México  (24 junio 2011).- De pie, el Presidente Felipe Calderón y los miembros de su gabinete rindieron un minuto de silencio por los 40 mil muertos de la guerra.Instantes previos, los funcionarios habían escuchado el Himno Nacional y se acomodaron en sus asientos con una taza de café para iniciar el diálogo en el Castillo de Chapultepec. Javier Sicilia tomó el micrófono y pronunció unos versos de Jaime Sabines.

“Queremos decirles que no somos enfermeros, padrotes de la muerte, moradores de panteones, alcahuetes, pinches de Dios, sacerdotes de penas. Queremos decirles que a ustedes les sobra el aire y por ello, pido a todos los presentes guardar de pie un minuto de silencio por todas las víctimas de esta guerra atroz y sin sentido”, dijo.

El Presidente obedeció. Todos obedecieron.

Debieron pasar hasta 18 años de impunidad -en el caso del militar Orlando Muñoz desaparecido por militares en 1993-, morir 40 mil personas, marchar los dolientes a pie durante 4 días de Cuernavaca a México, recorrer en caravana 3 mil 800 kilómetros hasta Ciudad Juárez para que el Gobierno mirara de frente a las víctimas.Encabezados por el poeta, Julián Le Barón, Araceli Rodríguez, María Herrera Magdaleno, Norma Ledezma y Salvador Campanur, representaron a los miles de desaparecidos o asesinados y recordaron al gabinete que su cargo y sueldo lo deben a ellos.

“Superar el miedo es el primer paso, luego viene superar la humillación de las autoridades”, describió María el camino hasta llegar aquí.

Uno a uno, de manera respetuosa, denunciaron la inacción de autoridades en sus casos. María Herrera que no hayan hecho caso de su investigación para dar con sus 4 hijos desaparecidos; Norma Ledezma que Calderón no haya recibido a Marisela Escobedo cuando lo buscó en Los Pinos antes de ser asesinada; Julián Le Barón que el homicidio de su hermano siga impune; Araceli Rodríguez, madre de un policía federal desaparecido, que los helicópteros y computadoras de la Policía Federal se utilicen en una telenovela. “¿Por qué usarlo en una serie de Televisa y no para encontrar a nuestros desaparecidos?”, le espetó a Calderón y García Luna.

El Presidente, quien había dicho que los responsables de este dolor son los criminales, no el Estado, ordenó a Francisco Blake Mora, Marisela Morales y Genaro García Luna responderles, pero las víctimas rebatieron cada argumento.

María Herrera le recordó a la Procuradora que ella tuvo en su escritorio el expediente de sus hijos desaparecidos y lo desechó, lo mismo que el titular de Seguridad Pública. “Mi caso lo conoce Marisela porque estuvimos con ella, lo mandó a SIEDO y lo desecharon. También estuve en la oficina de García Luna y no tuve resultados, ahora estoy aquí de nuevo”.

Norma Ledezma refutó a Blake Mora el cumplimiento de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del Campo Algodonero. “Los protocolos que acaban de sacar no nos sirven porque no los hicieron en el contexto que exigió la Corte”.

Araceli Rodríguez cuestionó a García Luna la detención de quienes desaparecieron a su hijo y otros seis policías. “Cheque bien la investigación, conozco el expediente y los detenidos se contradicen en sus declaraciones. Están desaparecidos, no hay cuerpos, el lugar de los hechos no coincide, usted lo tiene presente”.

Julián Le Barón, reprochó a Blake Mora cuando presumió detenciones de los responsables de la muerte de su hermano. “No hay una sola persona sentenciada por el asesinato de Benjamín Le Barón y Luis Whitman ni por el secuestro de Erik Le Barón, ni por el de mi tío, ni por el de mi cuñado, ni por el de mis vecinos. Por favor, no ofendan la memoria de mis hermanos al decirnos a nosotros que se ha cumplido con la justicia”, dijo firme.

Pese a los intentos del Ejecutivo de controlar lo más posible el encuentro público, las víctimas se impusieron y tuvieron la última palabra. Presidencia cambió de última hora la sede, planteó en un inicio que la prensa siguiera el encuentro en circuito cerrado, no consideró dar derecho a réplica a las víctimas y tampoco les permitió llevar las fotografías de sus familiares.

Al final, hasta tres testimonios más se hicieron escuchar y funcionarios de Segob, la PGR y SSP buscaban a las víctimas para agendar citas, reactivar expedientes, revisar amenazas en su contra y dar medidas de seguridad. “Vamos a esperar resultados”, coincidieron cautelosos los familiares de muertos y desaparecidos.

Antes de la despedida que se dio en tono amable y en saludos personales entre Calderón, Margarita Zavala y las víctimas, Sicilia advirtió la creación de una comisión de seguimiento para que esto no quede en un evento de buenas intenciones. “Nos vemos en tres meses”, le advirtió.

Sicilia llevaba al cuello rosarios, escapularios y colguijes que decenas de dolientes le entregaron durante la Caravana del Consuelo como símbolo de su dolor. “Esto no es un look”, le dijo al Presidente. Enseguida se quitó un escapulario, sacó de la bolsa de su chaleco un morralito rojo con un rosario en su interior y se los entregó a manera de relevo. “Se lo doy como un símbolo de que ahora a usted le compete hacerles justicia”.





Vencen víctimas el miedo

7 06 2011

Daniela Rea / REFORMA

 

DURANGO: PIERDE SICILIA A HIJO; EL NIÑO A SU PADRE

 

Desde las cuatro de la tarde, durante cinco horas, una familia esperó a la Caravana del Consuelo al pie de la carretera a Durango. A la familia Rodríguez Flores la encabezaba Francisco, un pequeño de seis años que cargaba en sus manos el retrato de su padre.

 

Se lo mataron. Fernando Rodríguez Maturino apareció muerto hace tres meses, enrollado en una cobija, atado con cinta, tirado en un pedazo de tierra.

 

La Caravana detuvo su paso a mitad de la carretera. Javier Sicilia tomó al niño en sus brazos y lloraron juntos. El poeta perdió a su hijo, este pequeño perdió a su padre.

 

María Cirila Flores de los Santos, su madre, le dice que ahora ella es su mamá y su papá, que estará bien, que lo cuidará como si fuera también su padre. Él no está conforme. Lo extraña. Lo llora.

 

“Me dice que quiere crecer para matar a los que mataron a su papá”, dice la mujer que lo cobija con todo su amor.

 

La caravana avanza y llega a la capital de Durango, un estado con 228 muertos sin nombre hallados en fosas clandestinas. De desaparecidos, de asesinados por reclamar justicia, de ejecutados “por error”.

 

Hoy, de noche, la Plaza de Armas está llena, de dolor y de coraje. De entusiasmo. De familias que por primera vez, la gran mayoría, salió a dar su testimonio. Falta noche para nombrarlos y escucharlos a todos. No la paciencia. Ni la solidaridad.

 

Polo Valenzuela, suegro de Noemí Favela, fue asesinado con cinco balazos por reclamar la desaparición de su hijo. “Él nos dijo ‘¿qué espero, que me maten y que le den carpetazo a mi caso? ¿Eso esperamos todos los que buscamos justicia?'”.

 

Bibian Echavarri avanza al punto del desmayo, en las manos carga una cartulina con la foto de sus 3 hijos, de 20, 22 y 27 años, asesinados por el error de haber ido a un bar, la noche que los sicarios fueron a cobrar cuota, los desaparecieron y los mataron “por confusión” en Gómez Palacio.

 

“Me dijeron, sus hijos son buenos, pero fue una confusión. Me mataron a mis hijos por la necedad del Presidente que dice que tenemos que sacrificar algo. Ya sacrifiqué a mis tres hijos Hugo, Miguel, Luis…Señor Presidente, así como lo pusieron la mayoría de los mexicanos, así lo podemos quitar”, clamó con la voz desgarrada.

 

Diana Jacobo está aquí acompañada de sus hijos; su esposo Javier fue desaparecido hace dos meses por la Policía Ministerial. Hasta un mes después presentó su denuncia. No lo hizo antes por temor y lo hizo hasta entonces porque si encontraban su cuerpo y no había denuncia, no se lo entregarían.

 

“Tengo miedo, tengo mucho miedo. Pero estoy aquí porque tengo hijos, porque confío en el señor Sicilia, pero tenemos que ser nuestra voz. No nos van a callar, no nos van a matar”.

 

Beatriz Ríos habló de su hijo desaparecido el 21 de marzo. Esta noche no sabe nada de él. Viene a pedirle a quien lo tenga que se lo regrese. Hoy, sus tres nietas están huérfanas, su madre murió hace unos meses y su padre no aparece. Está de pie, llena de fuerza.

 

“Recuerden que somos la tierra de los alacranes y como tales hay que saber defendernos”, convoca a los solidarios que la acompañan esta noche desde el anonimato.

 

Es la primera vez que las calles de Durango sienten estos pasos, dice una mujer que marcha arrastrando la carriola con su bebé. Retumban los tambores, los gritos “no más fosas”, “no más levantones”, “no más desaparecidos , “no más muertos por error”, “no están solos”. Retumba el dolor y la emoción. Una mezcla incomprensible de sentimientos se apersona en esta plaza viva.

 

ZACATECAS VENCEN EL MIEDO Y HABLAN DE SUS DESAPARECIDOS

Vencieron el miedo. Salieron de sus casas y se presentaron en la Plaza de Armas para dictar la historia reciente de Zacatecas. La de los ciudadanos o policías desaparecidos, secuestrados, asesinados, la de los necios que pese a las amenazas, se rebelan al olvido.

 

Ante un mitin entusiasta conformado por jóvenes en su mayoría, la señora Ofelia Castillo denunció la desaparición de su hijo Edgar Humberto, un policía municipal de Calera, de 35 años de edad, detenido por sus compañeros de trabajo y entregado al crimen organizado.

 

Desde el 13 de julio de 2010 no sabe nada de él y a las autoridades tampoco les interesa. No hay ninguna novedad, le dicen en la Procuraduría estatal aunque les haya pedido investigar al subdirector de la corporación policial. “Si él ya no viviera, quiero saber al menos dónde está”, reclamó la mujer, quien en esta lucha anda sola, pues el miedo calló a sus familiares.

 

También fue desaparecido el hijo de Enriqueta Trejo, Dagoberto Espinoza, un policía ministerial de 34 años que la noche del 24 de septiembre de 2010, su día de guardia, salió a comprar una hamburguesa con otra compañera el trabajo. Dos camionetas le cerraron el paso y se lo llevaron. Sólo alcanzó a suplicar que a ella la dejaran libre porque estaba embarazada.

 

Enriqueta, una mujer que parece de roble, logró una cita con el Procurador de Zacatecas, Arturo Nahle, quien le recomendó estar tranquila. “Si ellos lo traen (los miembros del crimen organizado), lo traen trabajando y le pagan muy bien”, le dijo el funcionario.

 

La Caravana por el Consuelo, que encabeza Javier Sicilia, fue el cobijo que las familias necesitan para vencer el miedo y compartir su testimonio en un Zacatecas que hasta hace poco los ignoraba.

 

“Por favor, necesitamos que nos ayuden, que no nos abandonen”, imploró Jorge Antonio Guardado, hermano del empresario y ex Alcalde interino de Fresnillo, Juan Carlos, desaparecido desde hace 4 meses.

 

También habló Raymundo Romero, cuyo padre, el ex diputado local Eleazar Romero, cumplió hoy 82 días desaparecido.

 

La cascada de testimonios tomó por sorpresa a la Caravana porque antes de llegar a la capital el ambiente era hostil. El contingente hizo un breve descanso en el paradero “Las Arsinas”, un conocido punto de “halconeo” donde llegaron refuerzos de seguridad: dos camionetas de la Policía Estatal con 8 hombres armados y una más con dos elementos de la AFI.

 

“Estamos entrando en territorio nebuloso”, dijo una de las activistas.

 

“Esperamos, con nuestros policías hermanos, llegar a buen puerto. Que viva la paz”, dijo el poeta y abrazó a los oficiales, acompañado de Teresa Carmona, cuyo hijo fue asesinado en la Ciudad de México.

 

Y no es para más, confió un policía. Desde hace 3 años las cosas cambiaron en Zacatecas. “Hay ojos por todos lados, cada parte del territorio está controlada”, dijo.

 

Otro recordó que aquí fueron desaparecidos y asesinados 8 cazadores de León y sobre la Avenida López Portillo, donde circula el contingente rumbo a la Plaza de Armas, hubo dos narcobloqueos en febrero y marzo.

 

Por eso, sorprendió que 500 personas acogieran en la Plaza de Armas los dolores de sus paisanos.

 

“Los pacíficos no tienen más patria que sus muertos y más futuro que sus hijos”, dijo uno de los organizadores.

 

En “la suave patria” de Ramón López Velarde, los zacatecanos cobijaron a la caravana y a sus víctimas locales.