Se organizan víctimas de la guerra

11 05 2011

Daniela Rea / REFORMA

4 de mayo de 2011

Habían pasado tres semanas desde que su esposo fue asesinado a balazos. En todo ese tiempo Érika no comía, no dormía, no se bañaba, no salía de su habitación donde sólo se le iba en llorar frente a la ropa, las fotos de Óscar García. No se acordaba ni de sus hijos, tres pequeños de 2, 6 y 10 años, que trataban de explicarse por qué su papá se había ido al cielo y su mamá, a sus 28 años, estaba muerta en vida. “Me vi dejándome morir, y los vi a ellos. Los íbamos a educar mi esposo y yo, ahora sólo yo. En mí estar hacer unos buenos ciudadanos. ¿Me dejo morir? ¿Les dejo de poner atención? ¿Qué viene, unos futuros secuestradores, asaltantes, sicarios? Todo está en mí, tengo poner mi granito de arena para que el mundo que viene sea mejor para ellos”, se dijo Érika la mañana que decidió salir de su cuarto a buscar ayuda. Son las víctimas de la guerra, familias doblemente huérfanas que perdieron a uno de los suyos –asesinado, desaparecido o detenido- y que padecen la ausencia del Estado al incumplir la obligación de garantizar seguridad, y después de dar justicia, de reparar el daño, de atender el duelo. Incubado en el dolor de la ausencia, nació el trabajo por rescatarse a sí mismas, apoyadas por organizaciones de la sociedad civil, que a contrarreloj, adecuaron sus objetivos y métodos de trabajo, preguntando aquí y allá para tratar de entender el impacto social e individual y esbozar algunas propuestas de atención. “Cuando fui a buscar ayuda me di cuenta que en el gobierno no había apoyos, te dicen que no hay programas, que luego regreses y para uno que carga con el dolor a todos lados, nos quitan la esperanza, las ganas de salir adelante, da coraje”, cuenta Érika, radicada en Ciudad Juárez y voluntaria de Salud y Bienestar Comunitario (SABIC). “La organización ciudadana es una necesidad, no hay alternativas. El derecho a saber el destino de tus familiares, a sanar el corazón por su muerte, es algo que nadie más puede cumplir porque el Estado no tiene una política de atención a las víctimas, por el contrario criminaliza, estigmatiza”, explica Javier Monroy, del Comité de Familiares y Amigos de Secuestrados, Desaparecidos y Asesinados en Guerrero. Como ésta, poco a poco han surgido organizaciones para que el impacto de la guerra no termine por desbordar a una sociedad herida, sobre todo en el norte del País. Ahí están los grupos de duelo grupal en Ciudad Juárez, las familias en busca de sus desaparecidos en Torreón, Tijuana, Tamaulipas, Guerrero y Guanajuato, pero el esfuerzo es rebasado por la tragedia que vive México: cerca de 40 mil muertos con sus viudas y huérfanos, 5 mil 397 desaparecidos. “En Guerrero hay más de 289 desaparecidos del 2005 a lo que va del 2011 y apoyamos directamente a 33 casos. Es muy difícil para las familias hacer la denuncia, insistir en la búsqueda de justicia, por miedo, porque hay impunidad. A su esfuerzo debería haber una respuesta del Estado, no lo hay”, dice Monroy. RESURGIR DEL DOLOR Érika se acercó a SABIC que atiende con medicina alternativa y terapia grupal a las víctimas de la guerra. Desde años antes, la organización trabajaba en la colonia López Mateos para las mujeres víctimas de la violencia intrafamiliar y labora, pero en los años recientes se vieron obligadas a crear atención para las viudas y sus huérfanos, en quienes encontraron por el estrés enfermedades de adultos como la colitis y las úlceras. Después, decidió volverse voluntaria y sacar de los rincones del duelo a las dolientes que, como ella, estuvieron a punto de abandonarse. Con las brigadas de atención va de barrio en barrio, hace diagnósticos y las invita a las terapias. Ella es el ejemplo de que se puede salir adelante. “Dar mi testimonio y una palabra de aliento, yo he pasado lo mismo… eso me ayuda en pensar que no soy la única, el decirle a esas personas que se puede salir adelante, que hay ayuda”, dice, ahora con conocimientos de técnicas de masaje y terapia floral. El trabajo de las voluntarias es indispensable. Como brigadista Érika conoció el caso de una joven que se suicidó dos semanas después de quedar viuda, dejó a tres pequeños huérfanos. Elizabeth Lugo también es voluntaria de SABIC, dos veces por semana, la recién egresada de sicología toma su auto y cruza la ciudad hasta la cima del Cerro de las Letras para atender a los niños huérfanos. No recibe del Estado apoyo ni para la gasolina. Lilia Vázquez López busca a su esposo Jesús Bello Moreno desde el 17 de diciembre del 2008, desaparecido en Guerrero. Cuando presentó su denuncia ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos conoció al Comité y decidió sumarse a él. “Cuando los conocí fueron las lágrimas que nos presentaron, la pena que nos unió, ahí no era necesario decir palabras para sentir el apoyo”, relata desde su casa. La tristeza y estrés por la desaparición de Jesús, Lilia detonó una segunda embolia que limitó su capacidad para trabajar como costurera y en la venta de antojitos, empleos de por sí emergentes por la ausencia de su pareja. Sus hijos de 18 y 20 años también debieron llevar ingresos a la casa. Lilia pidió a Sedesol de Guerrero recursos para una máquina de coser porque la suya tronó y el trámite se perdió en los papeles de la dependencia entre el cambio de delegado. Ni siquiera con eso la apoyaron. Las marchas y conferencias de prensa del movimiento no han resuelto ninguna de sus necesidades, pero ha logrado acabar con la estigmatización de su esposo, de quien pensaban fue desaparecido porque andaba en malos pasos. “Ahora ven lo de Sicilia y lo de San Fernando y la gente se da cuenta que no se necesita ser malo para que le pasen cosas, aunque uno ande sólo en buenos pasos. Eso me hace sentir más fuerte, que poquito nos escuchan, que ponemos su nombre en alto, veo la situación que vivimos y digo ‘ah caray, sí que somos fuertes'”, comparte Lilia. ESTADO AUSENTE Javier Monroy es sociólogo y explica muy claro cómo la muerte o desaparición de una persona va desmoronando poco a poco la vida interna de sus familias. “El primer impacto es la desintegración familiar. Como las mujeres son quienes generalmente toman la iniciativa de organizarse, los esposos las abandonan con el argumento del miedo, de que les pueden hacer algo. “Esa desintegración familiar lleva a las mujeres a abandonar el proceso. Es muy común que les digan ‘no te metas, tienes otros hijos, algo les puede pasar’. Luego vienen los problemas económicos, madres de familia que de pronto tienen que ponerse al frente de la casa, los gastos, los hijos. Y en muchos casos los problemas de salud, vienen las embolias, las úlceras por el estrés. El gobierno tiene que ver esto como una contingencia social porque muchas familias quedan en el desamparo emocional, económico”, detalla. Ante tales necesidades, las víctimas no encuentran eco en el gobierno. El año pasado, por ejemplo, el Comité intentó sin éxito obtener recursos federales a través de apoyos a las organizaciones de la sociedad civil, les argumentaron que ese rubro de atención (asesoría emocional y jurídica a familiares de desaparecidos) no estaba entre los objetivos del programa de Sedesol. También acudieron al gobierno estatal, a la Universidad Autónoma de Guerrero, ambos les negaron el apoyo. “Necesitamos abogados, sicólogos que se quieran involucrar. Buscamos apoyo en el entonces rector (Arturo Contreras Gómez) y no nos quiso recibir, luego fue secuestrado el año pasado, por eso nuestra propaganda dice ‘ojalá no te pase esto a ti’”, refiere. Hasta el momento sólo el estado de Chihuahua ha creado un fondo para la atención a víctimas de la guerra, con 100 millones de pesos, insuficientes. La diputada Teresa Inchaústegui y la especialista en política social Clara Jusidman han reclamado al gobierno federal la creación de un fondo nacional. A la fecha, la petición no ha sido respaldada.

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Marcha del silencio, coro de agravios

9 05 2011

Daniela Rea / REFORMA

(9 de mayo de 2011)
Las voces de las víctimas aún se escuchaban en el Zócalo cuando terminó el mitin. Uno tras otro, los dolientes tomaron el micrófono para denunciar su caso o presentar a su muerto. La marcha del silencio convocada por el poeta Javier Sicilia se convirtió en un coro de agravios.
“Mi hijo Jorge Moreno de 18 años fue desaparecido por policías en Ciudad Obregón en julio del 2010. Desde entonces no sé nada de él. De vez en cuando, todavía le llamo a su celular con la esperanza de que me conteste”, dijo Nepomuceno Moreno quien llegó desde Hermosillo sólo con un cambio de ropa, los expedientes del caso escondidos en su chamarra y la fotografía de su muchacho.
“A mi hija con discapacidad e invidente la violaron. Por pedir justicia al procurador (de Jalisco) Tomás Coronado Olmos me han amenazado dos veces y me dijeron que la tercera es la vencida, como le dijeron a la señora Marisela (Escobedo)”, denunció una mujer desde el templete, con la voz quebrada por el llanto.
“Mi esposa Josefina, mis dos hijas veinteañeras Joana y Carla, y Araceli que nos ayudaba con el aseo fueron desaparecidas de mi casa en Jalapa el 6 de enero. Vine aquí con sus fotos para que me las regresen quienes las tengan. Sólo eso quiero, regrésenme a mi familia”, repitió Carlos Castro a quien lo quiso escuchar durante la caminata.
“Mi hijo Víctor Castro Santillón, universitario de la UNAM, murió en Monterrey el año pasado. Estaba en un intercambio académico y fue secuestrado de la Facultad de Sicología. Fuimos a exigir justicia a Nuevo León y nos corrieron del Estado”, denunció José Vicente Castro, con la fotografía del joven tocando la guitarra, impresa casi a su tamaño.
Marchar. Elevar el estandarte con el rostro o el nombre de sus muertos. Contar por primera vez y en murmullos su dolor por el desaparecido. Gritarlo al micrófono frente a miles de personas. Hacer catarsis. Reivindicar los nombres olvidados. Sacar el duelo escondido en las casas. Perder el miedo. Sentirse acompañados.
En las calles de la Ciudad de México y su Zócalo las víctimas de la impunidad se hicieron escuchar. Llegaron aquí desde todo el País en respuesta a la convocatoria que hizo un hombre hasta entonces desconocido para la mayoría. Un poeta que como ellos tiene el alma mutilada. Algunos caminaron desvelados bajo el sol luego de manejar 18, 20 horas seguidas, otros con la deuda del boleto de avión o autobús. Solitarios o acompañados, sin saber dónde dormir esta noche. Con el nombre de su muerto o desaparecido como única certeza.
“Yo soy Grace Barrios, soy una abuela de 60 años y estoy buscando a mi nieto Geovani, desaparecido hace 3 años en Reynosa. Él es ciudadano americano y su País, y mi País nos abandonó”, dijo la mujer acompañada de su esposo de 66 años y un nieto de brazos.
“Venimos aquí a recordarle a Marcelo Ebrard, ese que quiere ser presidente, que tiene las manos llenas de sangre. Venimos a recordarle el nombre de nuestros hijos muertos en el News Divine”, dijo Leticia Morales, madre de Rafa asesinado a sus 18 años.
“A mi esposo Jaime Ramírez lo desaparecieron en Piedras Negras con sus 11 compañeros de trabajo, al parecer detenidos por judiciales. Ellos vendían pintura, son del Estado de México. El Presidente Calderón ha dicho que no le importa, va a seguir con su guerra y nosotros le decimos entonces que ponga a su familia al frente de su guerra”, exigió Reyna Estrada, una mujer humilde.
“Yo quiero hacer un reconocimiento a las viudas, a las mamás sin hijos, a los policías muertos en su deber. Y a los secuestradores, a los que desaparecen gente, les digo gánense un poco de perdón y devuelvan los cuerpos, regresen a los vivos”, clamó desde el templete Silvia Escalera, cuya hija Silvia Vargas fue secuestrada y asesinada en el 2007.
En el Zócalo se leyeron los nombres de las víctimas de Villas de Salvárcar, de la Guardería ABC, de la familia Reyes Salazar, Le Barón y los jóvenes de Morelos asesinados junto a Juan Francisco Sicilia. A cada nombre la plaza entera respondía con un “No debió morir”, algunos rostros con lágrimas en los ojos. A ellos y todos los muertos anónimos se ofrendaron 5 minutos de silencio, acompañados por las campanadas de la Catedral.
Horas antes, cuando la vanguardia de la caravana aún no llegaba al Zócalo, 71 testimonios de la vergüenza de este País fueron compartidos desde el templete y la larga lista de espera creció tanto como la marcha. Ya lo habían dicho en la UNAM un día antes, se necesitarían más de 40 mil horas para escuchar apenas el nombre de los muertos de la guerra.

Inician 200 terminan miles
Daniela Rea /REFORMA

Comenzaron 200 y sumaron miles. La convocatoria del poeta Javier Sicilia sacó de casas, escuelas, comercios y oficinas a víctimas y ciudadanos comunes y desconocidos, que coincidían en el reclamo de alto a la guerra.
Desde Cuernavaca marchó Rebeca con un muerto ajeno que adoptó como propio. Edgar Peralta de 29 años, sabría después, murió a balazos frente a su casa. Ella lo acompañó a morir. Alguien más llamó a una ambulancia, pero primero llegó el Ejército porque para el gobierno todos los muertos “son narcos”. No para ella, quien durante veinte minutos le sostuvo la mano y le dijo que se fuera tranquilo.
Se sumó también María Martínez, doctora en educación originaria de Cuautitlán Izcalli. Decidió venir a la marcha hace apenas unos días cuando a bordo de su automóvil presenció el macabro hallazgo de 4 cabezas humanas sobre un BMW. María dice que no puede esperarse a que algo le ocurra a sus hijos para actuar. Con ese ímpetu, convenció a un par de vecinas que dejaron los días de club por la movilización.
Con ciudadanos como ellas, poco a poco la marcha creció, de mil 200 que llegaron a la Ciudad de México se contaban 15 mil, 30 mil, 50 mil. Padres de familia con sus hijos en carriolas y un “gracias por pensar en nuestro futuro”, ancianos que con esfuerzos daban pasos lentos y jorobados, estudiantes “ninis”, ni militares ni narcos.
En Churubusco se sumaron 14 amigos, albañiles y ambulantes de Orizaba. Cansados, sudados, con el pelo enmarañado y las mochilas a la espalda, vinieron a reclamar la aparición de su amigo Gabriel Gómez Caña. Inspirados por el poeta, iniciaron su marcha desde el jueves 5 y realizaron pequeños mítines en cada poblado intermedio, convocando a la movilización nacional.
El cruce con Viaducto fue la sorpresa. Al subir la pequeña loma, se descubrió un Eje Central repleto de ciudadanos hasta donde la vista alcanzaba. Hacia adelante de la vanguardia otra marcha había surgido, casi todos personas de clase media que salieron casi espontáneos, sin organización. Hacia atrás, a la peregrinación de los dolientes seguían 30 mil solidarios.
Ahí se había sumado el contingente de la Policía Comunitaria de Guerrero, una escolta de ocho hombres uniformados y Asunción Ponce al frente sosteniendo la bandera nacional. “Venimos a enseñar nuestra experiencia a este problema para que se organicen y vigilen sus colonias, sus barrios”. La lógica de los indígenas es que sólo el pueblo conoce al pueblo y sabe cómo vigilarlo. Los policías no reciben salario, son escogidos en Asamblea y si incumplen sus funciones, los mandan a trabajo comunitario y a reeducación con el consejo de ancianos.
Llegaron también los indígenas de Cherán en 10 autobuses. Con el rostro cubierto con paliacates y una manta del tamaño de una casa que decía “Cherán exige justicia”, saludaron al poeta Sicilia, a quien le compartieron su preocupación porque su bosque y pueblo vive amenazado por el crimen del gobierno y de los delincuentes.
Luego de tres días de marcha, de casi 80 kilómetros tejidos con testimonios de víctimas y ciudadanos indignados, miles llegaron al Zócalo. La siguiente escala es responder a la convocatoria de un pacto social.





“Que la marcha la retomen todos”: Sicilia

3 05 2011
Daniela Rea / REFORMA

Ciudad de México  (3 mayo 2011).- Ha pasado poco más de un mes desde que su hijo Juan Francisco fue asesinado con un grupo de amigos. Javier Sicilia tiene el alma mutilada. Si antes cada mañana era motivo de festejo “como si el mundo fuera hecho por primera vez”, ahora las recibe con una dolorosa pregunta “¿por qué amaneció?”.

Al poeta le gustaría permanecer en el reposo de la noche y no despertar en una pesadilla.

Aún así, incompleto y un poco más delgado, Sicilia irradia fuerza y voluntad “de toda la gente que acogió mi dolor y el de las familias de 40 mil muertos”.

Día y noche atiende entrevistas aunque lo pesquen en mitad del desayuno o de un respiro, se duele con otras víctimas que buscan en él fuerza o consuelo, persuade a políticos que sólo tienen imaginación para la violencia, escucha a líderes empresariales o religiosos que, distanciados del otro, del pobre, del radical, temen que la Gran Marcha Nacional por la Justicia y Dignidad derive en violencia.

“Tenemos que volver a reconocernos en el otro para resolver nuestras diferencias”, les dice convencido.

Como poeta que es, Sicilia habla al corazón de los hombres. Diverge con Thomas Hobbes que ve al hombre como el lobo del hombre y justifica en eso la creación de un Estado que controle.

“El problema es que ahora el Estado no controla nada. Si hubiese sido lo que dice Hobbes no estaríamos sentados aquí, hace mucho nos habríamos devorado”, insiste con esa mirada de río, transparente.

Sicilia encabezará el 5 de mayo una caminata que recorrerá 80 kilómetros desde Cuernavaca hasta el Zócalo. Ahí, sobre las ruinas de la Gran Tenochtitlán, llamará a refundar la Nación.

Sobre ese día prefiere la esperanza y no lanzar expectativas, que considera uno de los grandes males del mundo moderno por sus limitaciones. El poeta habla de un día después de la marcha. Le gustaría verse leyendo, regresar a su soledad de escritorio, escribir una novela.

“Esto (la marcha) debe ser la Nación, que todos la retomen. Puedo ser una voz, quiero volver a ser pueblo (…) México ya no necesita tantos símbolos, necesitamos acciones y esas las construimos entre todos”.

Usted habla desde el corazón del hombre. Parece que los políticos no hablan ese idioma.

He estado hablando al corazón de los hombres, de los políticos que parece que tienen resuelta su vida y se vuelven insensibles a los dolores de los otros. No podemos seguir insistiendo en esa Cámara de Senadores con la que pudimos haber construido 10 universidades.

Creo que en el Presidente, en el peor de los diputados porque hay peores, hay un espacio todavía no oscurecido, pero que se puede encontrar si se hace silencio y se escucha a otros que persiguen dialogar, conocer, sentir. Necesitamos una cura de silencio, hay ruido, discurso, vacío por todos lados. Es un trabajo muy largo. ¿Estamos dispuestos a asumirlo? Ese es el gran reto que tenemos cada uno.

A esta marcha la anteceden al menos dos en contra de la inseguridad, que a largo plazo fracasaron en su objetivo. ¿Qué hace a esta diferente?

Todo depende de que las redes sociales, cada una con su agenda, coincidamos para que haya una verdadera fiscalización, consecuencialidad.

Hay un joven que se llama (Douglas) Lummis, autor de un libro muy bello “La Democracia Radical”. Dice que la democracia no es un hecho consumado, nunca lo es, es un horizonte que se construye todos los días. Ahora es un gran momento democrático. La belleza con la que soñamos no se va a establecer de la noche a la mañana, pero es un avance. El fenómeno democrático aparece en un momento dado y nos habla de lo que debe ser, de lo que algún día debemos esperar que sea. Esta democracia es el ya de este momento, pero no aún plenamente.

¿Teme a una derrota política de la marcha?

No, porque la verdad es la verdad, la diga uno o la digan un millón, no importa. Lo que estamos diciendo, aunque haya uno solo en esa plaza, es verdadero. Necesitamos una paz justa y un silencio que dice más allá de lo que podríamos definir, lo que es la justicia. Porque el horror que traemos detrás es del orden de lo indecible. Hay que leer ese silencio con mucha fuerza.

Que al día siguiente la sociedad amanezca con un ‘no pasó nada’.

Hay que contar siempre con el fracaso. Jesús fracasó, el hombre que habló del amor, de la paz, acabó muerto como un delincuente, con un fracaso total, abandonado de los suyos y sin embargo, lo que dijo es verdadero y es punto de referencia para los hombres y las mujeres que saben de qué se trata la vida. Puede ser un fracaso político, pero no es un fracaso de la verdad. Quiero ser fiel a eso, nada más.

La marcha puede dejar una mayor conciencia para fiscalizar, para exigir, para llamar a la desobediencia ciudadana cuando no se cumpla. Eso queda.

Después de la marcha ¿piensa formar algo a largo plazo más estructurado?

Si me preguntas que quisiera hacer, quisiera estar leyendo. No, no lo pienso. Soy un poeta y los poetas no planeamos. A los poetas les sorprende la palabra, les sorprende el trabajo en la soledad. Puedo apoyar, eso sí, puedo decir cosas, quizá decir veo la ventana allá, pensar en soluciones.

¿Esta marcha sería su ‘hasta aquí’?

Sí, creo que esto debe ser la Nación, que todos la retomen. Puedo ser una voz en el pueblo, quiero volver a ser pueblo. Uno sabe sus limitaciones. Si uno no es humilde consigo mismo, terminarás por decepcionarte, por traicionar.

Creo que México ya no necesita tantos símbolos, ya hay muchos, necesitamos acciones y esas acciones las construimos entre todos y yo no quiero ser, no quiero llegar a confirmar el principio de Peter que tantos diputados, tantos gobernantes tienen, llegar a mi nivel de ineficiencia. Mi nivel de ineficiencia es querer ser un líder, un político. No, yo soy un poeta y aunque está mi silencio, quisiera volver a escribir una novela.

¿Qué decirles a quienes lean esto como una claudicación?

No es una claudicación, quisiera que se leyera como una lección de humildad. Ellos también tienen que saber medirse y ser humildes, hasta dónde se comprometen, hasta dónde pueden, y no mentirle a nadie.

Yo no le estoy mintiendo a nadie, soy lo que soy y no pretendo ser nadie más y en ese sentido quiero volver a ser lo que siempre he sido y que sigue siendo lo que soy ahora. Si la gente tiene confianza en mí, no es porque me inventé, es porque soy el hombre que siempre he sido, sólo que ahora más público.

Habla usted de una candidatura de unidad al año 2012, ¿a quién ve encabezándola?

Para empezar no a mí. Pero tampoco estoy en la condición de decir como Javier Sicilia, quién. No soy un político, soy una voz moral, pero estamos en tiempos políticos y nombrar a alguien es politizar algo que no es mi interés. Hablo de un candidatos morales, que no tengan partido, que tienen camino en las instituciones. Hay mucho. Para mí, la referencia, es el doctor Salvador Nava, un hombre inquebrantable que hizo de la política una ética y de la ética una política.

Si encontraran a los culpables del homicidio ¿cesaría la lucha?

No, son dos cosas distintas. Esto deben hacerlo, es su función, pero no resuelve el caso político y tampoco el caso judicial. Hay 40 mil muertos, hay que identificarlos y darles la misma justicia que se le daría a mi hijo. Hay un pendiente que tiene que ver con las instituciones y la vida ciudadana.

Llaman a un pacto para la paz

La Gran Marcha por la Dignidad y la Justicia que encabezará Javier Sicilia busca llamar a un pacto que permita hacer la paz.

Sin anticiparse a los puntos que se plantearán en ella -“somos muchas voces, no es el pacto de Sicilia”, dice- el poeta y escritor delinea algunos de los aspectos que serán considerados: llamar a la fiscalización de las nstituciones por parte de la sociedad, a la reforma de una Ley de Seguridad Nacional que se base en el ciudadano, a la apertura política a través de la segunda vuelta presidencial y la revocación de mandato, y a la búsqu da de un candidato de unidad nacional, que aclara desde el principio, no es él.

“Yo llamaría a esa conciencia ciudadana. A ver partidos, a ver (Andrés Manuel) López Obrador, (Enrique) Peña Nieto, a ver el CEN del PAN porque todavía no tienen candidato, ¿van a renunciar a las candidaturas, vamos a bu car un candidato de unidad nacional y hacer una agenda para que el debate y lucha política puedan ser sanas? ¿No lo harán? Pues no vamos a las urnas. Tenemos que seguir construyendo la conciencia ciudadana, cada marcha h aportado a ello”, dijo a REFORMA.

Ha pasado casi un mes de la primera marcha en una veintena de ciudades convocada a raíz del asesinato del joven Juan Francisco Sicilia, Luis y Julio Romero, Gabriel Alejos, Álvaro Jaime y Socorro Estrada. La respuesta de Presidente fue un “dirijan el ‘ya basta’ a los delincuentes, mientras que los partidos políticos han permanecido ajenos.

“(Felipe Calderón) quiere oír, pero está rebasado. Creo que el País se le fue de las manos y no tiene más visión, por desgracia, que la de una Ley de Seguridad basada en la violencia. O está tan débil políticamente que n puede imaginar otra cosa. Creo que no está viendo correctamente el problema, la crueldad e impunidad (con que están matando) es porque también hay complicidad en las instituciones”, consideró.

Para el poeta, una posibilidad de pacto es que el Presidente reconozca que se equivocó en la estrategia, lo cual lo dignificaría moralmente.

“Si reconociera eso, buscaría hacer los consensos necesarios para trabajar, para reformar las instituciones, sería un gesto que esperaría, ese acto de humildad. Ojalá pudiera hacerlo antes de la marcha, no por un acto de presión, sino de conciencia, coherencia consigo mismo y la nación”, sostuvo





Técnicas narrativas y de investigación para el periodismo de conflicto. Seminario-Taller

2 05 2011
LA RED DE PERIODISTAS DE A PIE
invita al Seminario-Taller
Técnicas narrativas y de investigación para la cobertura  periodística de conflictos armados o en zonas de conflicto
  
Impartido por Ginna Morelo, periodista colombiana experimentada en el cubrimiento
de la violencia paramilitar en Colombia.
 ¿Cuáles son los riesgos que debe considerar un periodista al cubrir un conflicto armado? ¿cómo investigar sin preguntar? ¿debe cruzarse la línea de fuego? ¿cómo abordar a las víctimas, a los victimarios y al Estado?
Durante el Seminario-Taller, Ginna Morelo compartirá sus conocimientos sobre cómo cubrir un conflicto armado, el uso de la observación como una técnica metodológica,  revisará los riesgos a los que se puede estar expuesto y las oportunidades informativas que se pueden aprovechar. Además enseñará técnicas de entrevista para acercarse a la experiencia de las víctimas y herramientas narrativas para escribir sobre ellas.
Fecha: Miércoles 4 de mayo
Horario: 9.30-14 hrs.
Lugar:  Medellín 33, Col Roma (entre Puebla y Sinaloa).
Cuota de recuperación: $50 
 
Ginna Morelo es presidenta de Consejo de Redacción, organización que promueve el periodismo de investigación en Colombia; editora general de El Meridiano de Córdoba, ganadora del premio de periodismo Simón Bolivar y autora del libro Tierra de Sangre, memoria de las víctimas.
Si estás interesado en asistir aparta tu lugar! 
Envía tu nombre y medio a periodistasdeapie@gmail.com