Crónica de la tragedia del News Divine (extracto)

7 03 2011

Daniela Rea Gómez

Leticia Morales llegó al Juzgado tras recibir un citatorio a nombre de su hijo Rafael.

-Estoy aquí porque citaron a mi hijo para declarar sobre el caso News Divine –le dijo a la secretaria del Juzgado 19 penal.

-¿Y dónde está su hijo? –preguntó indiferente la empleada, con la cara sepultada tras montones de expedientes.

-No quiso venir -respondió Leticia.

-¿Entonces qué hace aquí? Vaya por el muchacho- ordenó, sin siquiera mirarla.

-Vengo para llevarla al panteón. A que amplíe allá la declaración de mi hijo, porque todos ustedes lo mataron.

La mañana del 9 de septiembre del 2009 Rafael Morales fue citado a declarar sobre su propia muerte.

La comparecencia de Leticia tuvo lugar 15 meses después de la redada policial en la discoteca News Divine que culminó con la muerte de doce personas, nueve jóvenes y tres policías.

Extracto del capítulo Crónica de la tragedia del News Divine, publicado en el  libro País de Muertos. Crónicas de la impunidad (Debate).

 

* * *

Los gritos, que minutos antes eran de fiesta, comenzaron a transformarse en desesperación.

-¡Abran la puerta! – suplicó el joven Alfonso a los uniformados cuando sintió la avalancha de gente sobre él, ubicado a escasos metros de la salida.

-¡Nos estamos ahogando! –se quejó Juan Carlos, que mareado por la falta de aire empezó a vomitar sangre sobre sus pies desnudos. A pisotones le arrancaron los tenis.

El grupo de adolescentes que acudió a celebrar el fin de año escolar se convirtió en un caudal de carnes arrastrado por la desesperación. Ahí estaba Marisol, de 14 años, con su hermana Érika, de 13. Precavida, le dijo que esperarían el desalojo del lugar para no tropezar en las escaleras, sujetó su mano y la llevó hacia el baño donde podrían respirar. Creyéndose a salvo, se recargaron en el muro y tomaron aire, pero dos policías las aventaron de nuevo al torrente del que intentaron escapar. Sus cuerpos fueron empujados y golpeados por la inercia de los otros jóvenes. Marisol se fue quedando sin aire y sin fuerzas, hasta que soltó la mano de su hermana.

Raymundo tomó la mano de Daniel, su hermano menor. Al sentir que la corriente los devoró, lo agarró con fuerza para no perderlo. Tenía 16 años y la responsabilidad de cuidar al pequeño de 14 que lo acompañaba por primera vez a la discoteca. Temeroso, Daniel se aferró al brazo flaco de Raymundo, pero la presión fue como el manotazo de un gigante y cayeron al piso y sobre ellos, otros jóvenes.

-¡Daniel!- gritó Raymundo antes de que el maremagnum le arrancara a su hermano. En un esfuerzo por recuperarlo jaló otras manos, pero Daniel fue tragado por la multitud, convertida en una arena movediza.

En el tercer piso unos jóvenes reventaron los cristales de las ventanas para respirar. A la falta de aire se sumaba el calor de 500 cuerpos sudorosos bajo el verano.

Antes de abandonarse por completo Marisol intentó buscar una bocanada de aire. Un empleado de la discoteca la alzó y ella se sostuvo un instante en puntitas, el suficiente para aspirar unos segundos de vida. Debajo de ella sintió los cuerpos tiesos y empapados en sudor, abandonados a una fuerza que no les pertenecía. Sobre las cabezas de los jóvenes alcanzó a ver que la puerta de entrada estaba cerrada y entre los lamentos que pedían oxígeno distinguió el grito de unos policías:

-¡No los dejen salir, no los dejen salir!-.

* * *

Sin aire, a oscuras, los jóvenes fueron cediendo en el túnel. Algunos se desmayaron, pero sus cuerpos permanecían erguidos, soportados por la fuerza que los apretaba; otros flotaban estrujados; otros más fueron cayendo al piso y encima de ellos los demás tropezaban.

-¡Abran la puerta que nos estamos asfixiando!- clamó el policía Manuel Aldrete a sus compañeros ubicados en la entrada.

Su voz, débil por la falta de aire, apenas era un susurro entre los demás gritos. Trató de comunicarse con el exterior por el radio que sujetaba en la mano izquierda, pero su cuerpo no le respondió. Ya era parte de otro cuerpo colectivo, compacto.

José Jiménez, otro policía que permanecía dentro de la discoteca, intentó pedir auxilio por el radio, pero tenía una frecuencia diferente a la de los oficiales que aguardaban la entrada, por pertenecer a distintas corporaciones. En la premura del operativo no se coordinó la comunicación.

De pronto un estruendo se escuchó. La puerta principal reventó por la presión de la gente desesperada por huir de esa trampa o quizá porque algún oficial soltó el seguro que la mantenía atracada. Aún con la puerta abierta, los policías hicieron un último intento por retener a los muchachos en la discoteca, hasta que los vieron derrumbarse uno sobre otro, algunos con los ojos cerrados, otros con la piel morada. El cuello de botella duró de las 18:23 a las 18:32 horas.

Raymundo, que minutos antes soltó la mano de su hermano menor, permanecía tirado en el suelo. Desde ahí vio los pies de jóvenes tratando de escapar. A brincos y pisotones pasaban encima de su cuerpo triturándole brazos, costillas y piernas. Los policías afuera de la discoteca jalaron a la gente para liberar la entrada. Tomaron los brazos de Raymundo y tiraron fuerte para sacarlo. A su vez, otros lo jalaban de las piernas para salvarse con él.

-¡No me dejes morir!- alcanzó a escuchar el grito de su amiga Isis Tapia, con la mano estirada a escasos centímetros de la suya.

Raymundo intentó jalarla hacia la puerta pero ya no tenía fuerzas. Apenas pudo tomar aire y salvarse a sí mismo. Un par de hombres lo sacaron cargando y lo dejaron recostado junto a la pared del News Divine. Adentro Isis Tapia daba sus últimos respiros.

Junto con Raymundo, Sandra fue rescatada de la discoteca. Cuando los policías la dejaron en la banqueta, la chica de 15 años estaba inconsciente.

-¡Tú no estás muerta, despierta! – le gritaban unos desconocidos mientras le sobaban el cuerpo con alcohol y le acercaban aire con sus playeras.

Cuando Raymundo recobró un poco de energía regresó a la entrada del News para buscar a su hermano Daniel. Asomó la mirada y lo vio salir en brazos de dos personas. Parecía un Cristo moribundo. Flácido. Con los ojos cerrados y la cabeza ladeada. Lo depositaron en el suelo. Presionaron su pecho. Soplaron por su boca. Daniel ya no respiraba.

-¡No!- gritó Raymundo y corrió desahuciado entre los cuerpos tirados sobre la avenida. Se derrumbó frente al tercer camión donde, según el plan original del operativo, los jóvenes serían trasladados a las oficinas policiales.

* * *

El umbral del News Divine era una pila de jóvenes desmayados y cuerpos atorados que dificultaba la evacuación. Catterin logró llegar a la entrada, pero alguien desde el piso le jaló la pierna en un intento por huir y Catterin cayó. La mitad de su cuerpo quedó afuera de la discoteca, la otra mitad quedó atorada entre piernas, miembros y cadáveres. A gritos pidió que la jalaran para salir, pero los uniformados no atendieron. Gritó una y otra vez, hasta que sujetó la bota de uno de ellos y jaló su cuerpo hacia la calle.

Faltaba su hermano Christian. Apenas se recuperó, corrió a buscarlo y lo encontró tirado en la banqueta. Pegó su oreja al corazón. Estaba moribundo. Ayudada por amigos lo cargó y pidió apoyo a unos policías para llevarlo al hospital en la patrulla. Ellos respondieron con una risa burlona.

-Véalo, está casi muerto- insistió un amigo de Catterin y lo señaló. Su rostro lacerado tenía un rictus de angustia y abandono. La burla de los uniformados volvió a retumbarles en los oídos.

A unos pasos de Catterin, Juan Moreno deambulaba en la avenida entre cuerpos con el rostro cubierto por sus propias ropas. Inquieto porque su primo Rafa no contestaba el celular comenzó a destapar uno a uno.

Bajo una sábana descubrió la cara de su primo. Tenía un color morado y un golpe en la frente. Aún respiraba. Juan lo cargó y sin que las autoridades lo impidieran lo llevó al Hospital General La Villa en su automóvil. Ahí, un médico le dijo que ya estaba muerto.

Marisol logró salir gracias a un empleado de la discoteca que la sacó por la diminuta puerta de paquetería. Parecía una muñeca de trapo con la piel magullada. Su ropa estaba hecha jirones y había perdido las zapatillas. En el primer instante de conciencia recordó a su hermana Érika, a quien no pudo proteger de la marejada. Buscó entre el caos de patrullas, ambulancias, policías y paramédicos que corrían aturdidos de un lado a otro, mientras la vida de los jóvenes se esfumaba en suspiros.

Marisol encontró a su hermana menor agonizando en los brazos de dos muchachos que la recostaron en el suelo, frente a la discoteca. Alrededor de ella sólo había cuerpos. Cuerpos tirados, inertes, desmayados.

Se acercó, se hincó a su lado y le tomó las manos. Aún estaban tibias y su abdomen apenas palpitaba. Volteó a su alrededor para pedir auxilio, pero cada quien atendía su propia tragedia. La calle estaba tapizada de adolescentes desvanecidos y sus amigos que los intentaban despertar.

Marisol suplicó auxilio a un paramédico, sin soltar a su hermana. Pero él prefirió revisar a un policía que sacaban inconsciente de la discoteca.

-Qué quieres que haga si ya está muerta- le dijo socorrista, con estetoscopio al cuello.

-¡Ayúdeme, sí respira, sí respira!- suplicó Marisol en vano. Ni un oficial, paramédico o funcionario la ayudó.

A su lado, la niña se fue poniendo fría y dejó de respirar.

Sólo se acercó una policía para cubrir a Érika con una camisa roja, que Marisol aventó tan lejos como pudo. Dejarla sobre el rostro de su hermana era aceptar que había muerto en sus brazos.

 

Anuncios

Acciones

Information

One response

27 04 2011
Héctor leyte

Solo quiero añadir que este genocidio fue provocado por la autoridad, culpando al propietario o poosedor del inmueble, persona a quien encarcelaron.
1 – Si la autoridad sabia que entraban menores de edad bastaba conque un actuario o notario diera fe de ese hecho y clausurar el establecimiento y no llevarse a los menores de edad como prueba. (A esto yo le llamo abuso de poder y autoridad)
2.- El propietario o poosedor esta detenido por no haber cumplido o haber interferido con la protección civil, a que se refiere esto.
3.-Todo establecimiento debe contar con este programa cuyo objetivo es reducir o minimizar los riesgos hacia la ciudadanía y los usuarios de los establecimientos.
4.-Con el programa de protección civil para lo que le servia al propietario era evacuar el inmueble o dar atención en caso de contingencias. Esto no podía aplicarse ya que fue la misma autoridad quien interfirió en la protección civil bloqueando los accesos y salidas, además de que mostraron que no esta´na capacitados para dar apoyo a la población, aquí no responsabilizó a los elementos policíacos, si no a los jefes o superiores, ya que el no estar preparados para dar apoyo a la ciudadanía, los invito a que lean al ley de protección civil del df y su reglamento, la ley de protección civil federal.
5.-De quienes violentaron al ley todos están libres. Esto me recuerda mucho los videos que están youtube sobre el túnel mexicano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: