Los migrantes de cara con las bestias

17 10 2011

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Por Gonzalo Ortuño López

Ixtepec Oaxaca, una Ciudad de cara al cerro, como solían llamarle los zapotecos a esta zona del Istmo ha sido un cruce ferroviario importante en los recorridos de los trenes Panamericano y Nacional de Tehuantepec. Hoy, como ruta comercial internacional tiene un valor distinto. El mercado delincuente ve como mercancía a los migrantes centroamericanos quienes buscan salir del  monstruo que visita sus hogares todos los días, para alcanzar una esperanza de vida viajando en el lomo de una bestia.

Noel Bautista viene de Honduras, tiene una hija de 10 años y asume que no tiene con qué alimentarla y mantener sus estudios. A mí me duele en el alma que mi niña me diga dame un pan y yo decirle que no tengo. Lamenta el hondureño de piel morena y un ligero bigote mientras carga una pancarta con leyendas que exigen se respeten los derechos de los migrantes al pasar por México.

Bautista ya sabe lo que es llegar a Estados Unidos, trabajar ahí de carpintero, pero también ha sido estafado al intentar cruzar México. No lo dejan trabajar a uno, de ilegal trabaja uno o dos meses y lo agarran y de vuelta a su país.

Noel no ha descansando del peligroso viaje, llegó ayer en la noche al albergue de migrantes Hermanos en el Camino que dirige el padre Alejandro Solalinde, después de doce horas de trayecto sobre un tren desde Arriaga. Las condiciones en su natal Villanueva de Cortés lo han obligado a salir. De ninguna forma sale adelante uno, si pone negocio uno en la casa lo matan los maras. Más si ellos se dan cuenta que uno vivió en Estados Unidos, uno tiene que estar preso en su propia casa, piensan que trae uno feria.

Durante el viaje Noel Bautista ha estado incomunicado con su familia por quince días y le apuesta a la suerte para conseguir una llamada que le permita enterar a su esposa y a su hija, que está vivo. En manos de Dios si todo sale bien llego a San Luis, me cruza el pollero a Texas, tengo familiares que ya me ayudan a pagarle estando del otro lado y como en un mes estaría llegando, la fe es la importante la mira que llevamos es pa ´arriba. Así sentencia el joven catracho quien al escuchar el pitido de la bestia, no pierde tiempo, en medio de obscuridad y lodo desaparece alrededor de las vías, buscando un lugar.

Muñecos de trapo alrededor del contingente simbolizan a las víctimas de violencia y complementan el paisaje triste que como humo, penetra y nubla los ojos de periodistas y activistas que contemplan al estático tren devorahombres.

 Un mexicano se hermana

El padre Alejandro Solalinde, un defensor de los derechos de los migrantes, reitera su postura por un cambio de visión hacia el pueblo centroamericano: Yo para ellos no pido limosnas porque son pobres y dignos, ni tampoco estoy pidiendo que vayan a poner empresas para explotarlos de la forma que sea, yo estoy pidiendo que haya una visión diferente no con ojos de comerciante voraz para obtener ganancia.

 Solalinde recibe, persigna y se toma fotos con las personas que lo siguen, asegura que la acumulación no es cristiana, e insiste que hay con qué apoyar a los vecinos sureños. Hay recursos pero somos ojetes y somos mezquinos. América Central no necesita dádivas ni limosnas necesita una nueva visión con nuestros hermanos, que nos duelan, no negocios que enriquezcan, sino oportunidades para ellos.

El norte canta con el sur

Julián Le Barón, un campesino chihuahuense, ícono del Movimiento por la Paz tras el asesinato de su hermano Benjamín. Es su visita por primera vez a Oaxaca y ya es testigo de la partida de migrantes encima de la bestia, de cara a sus mortales peligros.  Siento mucha compasión por la lucha de ellos, por la falta de oportunidades que tienen, que sean tan maltratados, especialmente en mi país y quisiera que todos reconociéramos que si no protestamos también estamos participando en ese crimen.

Le Barón de sombrero ranchero y ojos acuosos que delatan ganas de llorar conoce desde antes el dolor migrante: Yo he trabajado con hondureños y salvadoreños en Estados Unidos y me han pedido dinero porque tienen secuestrada una hermana los zetas y necesitan pagarles para que no la maten, me duele ver que eso sucede en mi país.

La lluvia comienza y provoca que activistas, periodistas, víctimas y migrantes se resguarden para cenar y escapar de la tormenta. Pero también se distraen y olvidan sólo por unos minutos la tragedia, el peligro y el miedo. Cantan, ríen, convierten un albergue de olvidados en una fiesta cultural.

Como Nepomuceno Moreno, un señor de Sonora que viste playera a rayas, de bigote blanco y prominente, tiene su hijo desparecido desde 2010, ahora graba con su celular y entona el corrido a Rubén Jaramillo de José De Molina que interpretan sus amigos migrantes y activistas: Tres jinetes en el cielo,  cabalgan con mucho brío,  esos tres jinetes son: Che, Zapata y Jaramillo.

Tras los aplausos, la música y la comida se convierten en un ligero bálsamo para el dolor de migrantes, campesinos, familiares y para una minúscula parte del Istmo en Ixtepec.

 

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